No puedo decir que lleve una vida dura, al menos se supone, pero mi vida es así, algunos dicen que ha sido un despiste de Dios... me hace gracia, es mi vida. La verdad, suena absurdo, ¿un despiste de Dios? No creo, si ese "Dios" existiese no me hubiera hecho "cargar" de alguna manera con ésto, ser ciego no es fácil, la ceguera no es un problema en sí, el problema y la "carga" les supone a las personas de tu alrededor... y que decir si le sumamos la facha de un mendigo, a quien intento engañar, lo soy, ciego y mendigo. No me avergüenzo, en absoluto... es más estoy orgulloso de ello. A mi edad y perdido en esta jungla, similar a un super héroe de alcantarilla. Cientos de miradas que siento diariamente, pero que por desgracia no puedo devolver. Pero sabéis, de la esperanza no se sobrevive, y aunque suene triste, el sonido de alguna moneda que cae cerca de mi es lo único que me reconforta.
Hacía mucho tiempo que había perdido la fe en el humano del día a día, ese que me cruzo, ese que siempre va con prisas, ese ser tan egoísta que no aprecía lo que tiene entre las manos y mucho menos lo que alberga su mente, por no hablar de la poca capacidad de su corazón. Cómo explico que siento que al ser humano, no le queda casi nada de humano. Actuar, sólo se trata de actuar. Pero afortunadamente me equivoco y más afortunadamente aún, existen las excepciones. Ahora es cuando hablo de ella, golpe de esperanza y de suerte. Por lo que pude sentir, era una chica joven, le toqué los pies, llevaba unos zapatos de charol. Se quedó allí delante mía, seguramente mirándome y no me preguntéis porqué, pero sé que sonriéndome. Cogió un cartel de cartón que tengo desde hace años... nunca he sabido lo que pone, supongo que algún mensaje para recaudar algo de dinero, no muy efectivo la verdad. Borró lo que tenía escrito y escribió algo nuevo, se agachó, me arropó con sus brazos y justo en ese mismo momento volví a sentir el calor de nuevo en mi corazón, por mis venas volvía a fluir sangre, incluso diría que por un momento mi ceguera desapareció... y por mucho que intentara que de mi boca exhalara algo coherente, todo se quedó en un suspiro. No dejó nada de dinero, ni falta que hacía. Se marchó lentamente y esa fue la última vez que sentí su presencia.
Fue curioso, realmente curioso, después de que ella, ese golpe de suerte, de esperanza, ese pequeño impulso a la vida, se alejase de mi, cientos y cientos de personas se acercaron y me dieron sus víveres más cercanos, desde monedas a todo tipo de alimento. No sabía como reaccionar, sabía que era el cartel...estaba seguro. Le pedí por favor a un chico que había cerca que me dijese que ponía en el cartel, él se sentó a mi lado, con el cartel entre las manos y con una voz muy reconfortante me dijo: "Hoy hace un día maravilloso, y yo no puedo verlo".
Como si de un impulso se tratase, cogí todas mis pertenencias... si se les puede llamar pertenencias, prefiero llamarlas compañeras de viaje. Di las gracias a toda la gente que había a mi alrededor, guardé el cartel en uno de mis bolsillos, me levanté y decidido parto en busca de ella, no sé si la encontaré, quién sabe... espero toparme con ese golpe de suerte, de esperanza que viste con zapatos de charol. Rompiendo los esquemas de esta sociedad me sorprende y créeme, espero que jamás deje de hacerlo.