la última (única) noche que no pensé en verte,
ese espacio de tiempo que regresó,
la lágrima que no pudo llorar,
el celo que aún persiste.
Todo el ayer, atropellando este presente,
como una estampida de imágenes haciendo burbujas a mi alrededor.
Y todo ese rompecabezas de fantasías tuve
(forzosamente) que apagar.
Y tras ese inocente empuje de emociones,
supe que viniste a mí.
En el último intento por regresar,
con la esperanza inválida.
Y yo, bueno pues yo, yo no podía dejar
de decirte lo que yo sé que no te puedo decir.
La irremediable nostalgia,
la irrepetible historia,
como un llorar en silencio, a hurtadillas de mí mismo.
Tapándole la boca al corazón,
ahogando la melancolía con una mordaza
cubierta por una sonrisa.
No supe qué sentir,
pero lo que menos supe fue que no sentir.
El NO deber, detrás del NO querer,
el trasfondo heredado de la tontedad.
Al principio no pude entenderlo, he sufrido mucho.
Y el NO saber cómo sufrir,
me refiero a esa manera adecuada
en la que el duelo es la cama
y el recuerdo el paso final,
me hacen insensible al dolor,
ese que sólo tú sabes provocarme.
Y lo hice, ¡Ahh!, he vuelto a quererte
¡Volví a quererte esa noche!,
de esa manera principiante
que finge no saber qué es lo que pasa,
que finge no saber que pasará si no dejo
de sentir de inmediato.
Como adulando falsamente que no tomarás
de mi la paciencia y la arrojarás tan allá que no pueda
vislumbrarse.
Hice como si fueras el principio,
como si fuera la primera vez,
como si los holocaustos no hubiesen importado,
como si no recordara todo el daño.
Borré esas ganas de poder convencerme y saber
de certeza firme que ya no se puede.
De todas formas, como fuese que haya pasado,
sentí quererte de nuevo.
Esa noche,
tras esas mejillas,
tras las caminatas, escupiendo falacias (esas que sabes decir tan bien),
para no tocar más el tema.
Tan intensa la emoción,
tan brillante como la luz,
como los silencios en invierno.
Tan secos los recuerdos como el crocante otoño,
Así, tan fuerte fue el momento de decir "adiós" nos fue tan fácil.
Comprendiendo con eso, que esa palabra "jamás" cabrá en nuestro lenguaje.
Pues un adiós para nosotros es un: "hasta pronto",
un silencio prolongado de un: "volveré a buscarte".
Rodolfo Jayme.
