Otras cosas bonitas.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Tiempos raros.

Sedarse, morirse de sed, bucear en la mentira,
nadar en la nada, 
sucumbir a las lágrimas, ni ácidas ni saladas,
ni dulces ni amargas, sí neutras, siniestras.
Me he convertido en una estatua,
he desarrollado el llanto perfecto,
pero no dan premios por esto,
ni afecto, golpes que se llevan las puertas,
señales invisibles si no estás alerta, 
atento, desconectado,
he necesitado meses para descubrir que estaba equivocado.
Hay mariposas que parecen monstruos,
y hay rostros que se quedan grabados,
como alguien me engañó dejé de ser compasivo,
y cada día me volví más cruel.
Pagaron justos por pecadores, 
Nerón me hablaba, oírle fue el peor de mis errores,
explotando en el momento más inoportuno,
lanzo el día a la basura en el minuto uno.

[...]

El reloj no anda hacia atrás,
ni siquiera se nos permite la pausa, tic-tac, tic-tac,
en la tormenta el tiempo es una broma macabra.
Voy hacia la muerte aterrado,
habiendo malgastado la vida enfadado.
Ahora me da pena irme,
sabiendo que el tiempo que gasté en odiarme no me sirve.
Suenan las campanas anunciando ya mi hora,
corpóreo y sepulto parece que llora,
lágrimas recientes en mi piel inerte,
el grito de mis ojos por no poder volver a verte.
Yo te amaré hasta en el más allá,
allí te esperé con mi chilaba blanca,
si no me perdonas no descanso en paz,
yo siempre estuve enamorado de tu alma,
soy el encargado de tu felicidad, 
pongo toda mi bondad en la balanza, pero no alcanza,
nunca perdiste la fe en mí, ni la esperanza
de que sólo fueran tiempos raros.

Javier Ibarra