Otras cosas bonitas.


lunes, 24 de diciembre de 2012

Espantapájaros

Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; pero eso sí —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Oliverio Girondo

domingo, 16 de diciembre de 2012

#58

Cuántos días con el alma desvelada,
cuántas noches cometí el mismo crimen,
cuántas veces te he buscado entre caladas,
cuántos versos, cuántos besos siguen presos,
cuántos, dime.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Y nos quedamos cortos.


Últimamente miro demasiado al cielo, últimamente me siento más ignorante que nunca. Aunque me encante la sensación de no poder describir sensaciones, en la que sientes que toda palabra se queda pequeña. Creo que ésto se queda corto, no por falta te adjetivos, sino por falta de comprensión, de tener capacidades limitadas, y no limitadas por la ignorancia, ésto último tiene cura. No por ello me entristece, siempre me ha gustado que hayan preguntas sin respuesta, como el toque mágico que separa este mundo de la realidad, nos avisan de que no somos el centro de nada, que somos cosas demasiado pequeñas para estas preguntas que viajan disimuladamente entre nosotros y que nadie se atreve a saludar.
En especial hablo del universo, ahora más que nunca lo entiendo menos y eso me hace pensar que ahora más que nunca lo entiendo más. Sé que es extraño, pero ya sabéis, es esa sensación rara que no sabes muy bien como explicar. Creo que somos tan sumamente pequeños que ni nuestra propia mente es capaz de asimilarlo, como una mota de polvo metida en un huracán, algo que da vueltas y no sabe muy bien por qué ni para qué, pero que aún  sigue buscando su origen, aunque todo intento sea en vano. Me gusta cuando se pregunta que qué es el universo, pues a mi me gusta más preguntar que qué somos nosotros para el universo. Tendemos a hacer preguntas que no nos caben en los bolsillos del cerebro, tendemos a querer ser el centro de todo este complejo, que en realidad nadie ha llegado a comprender. Situémonos en lo más bajo, en lo más pequeño, en lo más ignorante y quizás, y digo solo quizás, seamos capaces de entender algo. Admiro a todos aquellos que intentan desenredar los nudos del espacio, los que intentan terminar el puzzle aun faltando piezas, pequeños grandes héroes del universo, pero lo siento, sigo pensando que todo ésto se nos queda muy grande, se le queda grande al ser humano, curiosamente como todo a mi ver. 
Es algo tan sumamente complejo que se desarrolla con una aparente sencillez, y ahí es donde se guarda la magia de todo ésto, el secreto que se guarda el universo, ni más ni menos que el secreto del origen de la creación, que después no se diga que no somos ambiciosos. ¿Que qué somos? Yo creo que pequeñas explosiones de energía que no logran mover nada, explosiones de energía que quieren ser estrellas, pero que al salir de su atmósfera se consumen y desaparecen, pues ya lo he dicho, somos algo demasiado pequeño para ese gigante que nos mira desde fuera. 
No digo que se deje de buscar ese origen, es una de las pocas cosas del ser humano que me gusta, su ambición por querer saberlo, pero ojalá esté en lo cierto y jamás llegamos a encontrar esta respuesta, sé que se nos iría de las manos, y jugar con el origen de todo lo existente sería simplemente nuestro fin. Curioso verdad, que por encontrar nuestro principio desatemos el fin, las grandes maravillas siempre terminan rotas en nuestras manos. Pero en fin, yo seguiré mirando ahí arriba, y me sentiré la ignorante más feliz del mundo.

















Pd: Siento haber borrado una de las entradas anteriores, me ha parecido algo demasiado personal que sólo fue un impulso de tristeza y de rencor en el momento, creo que prefiero guardármelo para mí, una experiencia más que va al bolsillo.

sábado, 25 de agosto de 2012

un poco más...


Gris se ha vuelto el cielo,
aunque estaba amaneciendo,
y el azul de tu silencio 
es el que ha hecho oscurecerlo.
No el verde de los ojos, 
ni unos labios rojos,
porque no existe el color
en la tormenta de tu cuerpo.
Son los relámpagos seguidos de los truenos
que suenan cada vez que te echo un poco más,
un poco más, un poco más... 
de menos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Words


Todo está conectado, todo.

Descendientes de la vida

Lo llamaría pura conexión, pura necesidad, mi necesidad vital, mi naturaleza. Necesito sentirla, solo tengo que salir a unos diez kilómetros de radio de esta ciudad y la encuentro, encuentro a la vida. No sé como explicaros lo que siento, lo que percibo, lo que interpreto cuando estoy sentada a los pies de un árbol. Me siento más protegida que nunca, mis pulmones se llenan con un ligero aroma a paz. Las enrevesadas ramas parecen acunarme, me invitan a olvidar, a deshacerme de esa gran carga llamada temor. La ocultan, pretenden hacer que me olvide de ella, para que cuando vuelva al turbio pozo, pueda flotar un poquito más. Toco la grietas de su tronco, entre esas brechas hay miles de historias que, posteriormente, darán lugar a más conocimiento. La sabiduría de los árboles, de la naturaleza. No conozco a mujer tan sabía como ella, sé que guarda lugares secretos que jamás serán desvelados al ser humano, aprendió la lección. 
Tocar la hierba con las manos, sentirla entre tus dedos,querer echar raíces allí, sentir que ése es el lugar al que perteneces y saber que, poco a poco, te lo están arrebatando. Me encanta que el cielo se enfurezca, me encanta que las nubes se tinten de negro y que griten, que lloren desconsoladas, que hagan sentir miedo, o por mi parte, como he dicho antes, que hagan sentir la vida. La tierra se lo agradece, toda planta vuelve a respirar, y es aquí cuando aparece mi fragancia favorita, el perfume de la tierra mojada, pero no por mucho tiempo, el gigante Sol se hace un hueco entre las nubes ,y el cielo agotado gris se retira vencido. Espanta todo color sombrío y da a luz. Siempre me ha gustado pensar que la Luna y el Sol, son dos amantes que llevan toda la vida buscándose, pero que nunca han tenido oportunidad de coincidir, pero esto no les impide que salgan todos los días y nos arropen con una luz blanca, o nos avisen de que un nuevo día acaba de comenzar. Estoy segura de que los bosques son la biblioteca de la vida, quédate allí, observa cada mínimo detalle, analiza como se desarrolla, y si tienes alguna duda busca al sabio más viejo y escúchalo como nunca has escuchado. Un brisa entre árboles es la perfecta melodía, el fondo marino es el mismo cielo líquido donde no se conocen alas, sino escamas, las flores son sonrisas que nos ofrece el día a día, mis queridos árboles centenarios son viejos olvidados que se marchitan olvidadizos llevándose toda sabiduría, el mar es la cantidad de lágrimas derramadas por el Sol y la Luna... 
Realmente jamás podré decir como surge todo ésto; debe ser maravilloso saber que es lo que impulsó a crear todas éstas maravillas, pero de momento me siento a observarlas, a sentirlas, pues yo formo parte de toda esta estructura, tan compleja que se desarrolla con una dulce sencillez. Todos formamos parte ella, tan solo hay que darse cuenta, darse cuenta de que somos descendientes de la vida.

















#66
 "...y realmente, me encanta la sensación de saber que, cuando me vaya de aquí, seguiré formando parte de ésto.."

viernes, 17 de febrero de 2012

Viste con guante blanco.

Llevo viéndola desde hace un año, es preciosa. Su rostro blanco, casi pálido que brilla con cada centímetro de luz que la roza, sus finas manos que parecen ser talladas por un brillante escultor, su perfecta nariz, su media melena siempre tan arreglada, de ese color caoba que en otoño logra fundirse con el paisaje, y su tesoro por descubrir, su mirada. Siempre lleva unas gafas negras, llueva o haga sol, siempre las lleva, como si éstas formaran parte de su rostro, como algo natural. Me muero por saber que hay detrás de esos negros cristales. Quien sabe, se me pasan las horas imaginándome sus ojos, quizás sean azules como el cielo al que pertenece, o verdes como su naturaleza, o marrones como la calidez que la envuelve... de lo que no dudo es de que serán preciosos. Me siento aquí todos los días, en medio de éste parque, en el cuarto banco de la izquierda, desde las tres hasta las tres y media, y espero a que pase. Es el mejor momento del día, verla caminar con esa ligereza, vestida con su abrigo estampado, acompañado por una larga bufanda blanca, y con ese fino y elegante bastón. Sólo disfruto de su presencia durante dos o tres minutos, pero son más que suficientes. No sé si se habrá percatado de mi presencia, supongo que si... llevo sentándome aquí casi un año, todos los días, debe haberse dado cuenta de que la observo. Pero... si lo sabe ¿por qué no me dice nada? Quizás lo haga para provocarme. Quien sabe a lo que se dedicará, quizás esté casada y con hijos, o quizás viva sola acompañada de un gato, infinitas posibilidades... pero ella no da ninguna pista, es tan sencilla, y en su sencillez se haya esa profunda belleza. Sabes, me imagino su forma de ser, la imagino callada y decidida, temblorosa y fuerte, dulce e incapaz de emitir amargura, lista e ingeniosa, amante del jazz, perfecta cocinera, mejor madre... la lista se me hace infinita. No me preguntéis porque, pero no puedo decir nada negativo sobre ella, es totalmente incompatible con ese concepto. Decidido me presento hoy a ella, no puedo esperar más, no tengo nada que perder... al menos eso creo.
Trabajo en una mercería desde que era pequeño, entre telas de todos los colores y texturas... cuantas bocetos habré hecho de su cuerpo envuelto en telas, envolviéndola en seda, en esa suavidad que ella merece, delicada princesa.
Ando tras ella, hoy la ligereza y la prisa se han hecho con sus pasos, y adelantados a ella, ese fino bastón blanco. Le doy unos pequeños golpecitos en el hombro, y rápidamente se gira, mueve la cabeza con miedo y agarra su bastón con decisión. Antes de que pudiese presentarme me pregunta quien soy, que quiero de ella. Su voz temblaba, el miedo y la desconfianza se apoderaron del momento. Le rogué más de una vez de que no tuviese miedo, pero claro... ¿qué le podía decir? Me contagió su temblor, las palabras se escondieron. Asustada decidió escapar, no pude ni si quiera saber su nombre y ni mucho menos, ver aquello que se ocultaba detrás de esas gafas. No puedo permitirlo, es mi única oportunidad de saber de ella, los impulsos se hicieron conmigo, corrí detrás de ella. Aunque ya estaba lejos, aún podía verla, me recordó a una ninfa que rodeaba a los árboles, los acariciaba, incluso yo diría que hasta los podía sentir. Le agarré la mano bruscamente y ella tropezó. Me quedé con unos de sus guantes en la mano, blancos como su bufanda. ¿Como podía haberle hecho eso?, ¡qué brusco, qué estúpido!. Le ofrecí mi brazo para levantarse, pero ella se quedó allí sentada en el suelo, temblando. Vi como en sus mejillas se deslizaban dos lágrimas que llegaban hasta sus labios, y allí se fundían con susurros que sollozaban un.."que quieres de mi...". Alzó su cabeza, y por fin vi su mirada, sus ojos. No me lo podía creer, no eran ni azules, ni verdes...nada, el blanco era su color, pero no fue eso lo que me sorprendió, fue la sensación de mirada perdida lo que me estremeció, mirada perdida y asustada. Ahora lo entendía todo. No emití palabra, se quedó buscando su guante en el suelo, pero rápidamente se levantó y hechó a correr.
 La esperé al día siguiente con su guante, debía devolvérselo, sé que aunque ella fuese ciega veía más que los demás. Este guante blanco, blanco como su mirada, como su pureza. Estuve allí todo el día y no apareció, quizás le haya pasado algo, quizás no vuelva a verla...quizás no vuelva a verla. No pierdo la esperanza, vendré aquí, a este mismo parque, en el cuarto banco de la izquierda todos los días, con su guante, se lo devolveré, ya he esperado 25 años... sé que volverá.



martes, 7 de febrero de 2012

#103

- Ves, todavía sigue lloviendo.
-
Pero que dices, si te estás mirando en el espejo.
- Por eso lo digo.

lunes, 9 de enero de 2012

-La esperanza viste con zapatos de charol- diario de un dichoso mendigo.

No tendría más de 25 años creo, me abrazó durante unos 15 segundos y me dio un beso en la mejilla. Después en un susurro me dijo que no tuviese miedo y que no le diera las gracias. Créeme no recordaba el contacto humano, y menos el de una persona como ella.
No puedo decir que lleve una vida dura, al menos se supone, pero mi vida es así, algunos dicen que ha sido un despiste de Dios... me hace gracia, es mi vida. La verdad, suena absurdo, ¿un despiste de Dios? No creo, si ese "Dios" existiese no me hubiera hecho "cargar" de alguna manera con ésto, ser ciego no es fácil, la ceguera no es un problema en sí, el problema y la "carga" les supone a las personas de tu alrededor... y que decir si le sumamos la facha de un mendigo, a quien intento engañar, lo soy, ciego y mendigo. No me avergüenzo, en absoluto... es más estoy orgulloso de ello. A mi edad y perdido en esta jungla, similar a un super héroe de alcantarilla. Cientos de miradas que siento diariamente, pero que por desgracia no puedo devolver. Pero sabéis, de la esperanza no se sobrevive, y aunque suene triste, el sonido de alguna moneda que cae cerca de mi es lo único que me reconforta.
Hacía mucho tiempo que había perdido la fe en el humano del día a día, ese que me cruzo, ese que siempre va con prisas, ese ser tan egoísta que no aprecía lo que tiene entre las manos y mucho menos lo que alberga su mente, por no hablar de la poca capacidad de su corazón. Cómo explico que siento que al ser humano, no le queda casi nada de humano. Actuar, sólo se trata de actuar. Pero afortunadamente me equivoco y más afortunadamente aún, existen las excepciones. Ahora es cuando hablo de ella, golpe de esperanza y de suerte. Por lo que pude sentir, era una chica joven, le toqué los pies, llevaba unos zapatos de charol. Se quedó allí delante mía, seguramente mirándome y no me preguntéis porqué, pero sé que sonriéndome. Cogió un cartel de cartón que tengo desde hace años... nunca he sabido lo que pone, supongo que algún mensaje para recaudar algo de dinero, no muy efectivo la verdad. Borró lo que tenía escrito y escribió algo nuevo, se agachó, me arropó con sus brazos y justo en ese mismo momento volví a sentir el calor de nuevo en mi corazón, por mis venas volvía a fluir sangre, incluso diría que por un momento mi ceguera desapareció... y por mucho que intentara que de mi boca exhalara algo coherente, todo se quedó en un suspiro. No dejó nada de dinero, ni falta que hacía. Se marchó lentamente y esa fue la última vez que sentí su presencia.
Fue curioso, realmente curioso, después de que ella, ese golpe de suerte, de esperanza, ese pequeño impulso a la vida, se alejase de mi, cientos y cientos de personas se acercaron y me dieron sus víveres más cercanos, desde monedas a todo tipo de alimento. No sabía como reaccionar, sabía que era el cartel...estaba seguro. Le pedí por favor a un chico que había cerca que me dijese que ponía en el cartel, él se sentó a mi lado, con el cartel entre las manos y con una voz muy reconfortante me dijo: "Hoy hace un día maravilloso, y yo no puedo verlo".
Como si de un impulso se tratase, cogí todas mis pertenencias... si se les puede llamar pertenencias, prefiero llamarlas compañeras de viaje. Di las gracias a toda la gente que había a mi alrededor, guardé el cartel en uno de mis bolsillos, me levanté y decidido parto en busca de ella, no sé si la encontaré, quién sabe... espero toparme con ese golpe de suerte, de esperanza que viste con zapatos de charol. Rompiendo los esquemas de esta sociedad me sorprende y créeme, espero que jamás deje de hacerlo.