Trabajo en una mercería desde que era pequeño, entre telas de todos los colores y texturas... cuantas bocetos habré hecho de su cuerpo envuelto en telas, envolviéndola en seda, en esa suavidad que ella merece, delicada princesa.
Ando tras ella, hoy la ligereza y la prisa se han hecho con sus pasos, y adelantados a ella, ese fino bastón blanco. Le doy unos pequeños golpecitos en el hombro, y rápidamente se gira, mueve la cabeza con miedo y agarra su bastón con decisión. Antes de que pudiese presentarme me pregunta quien soy, que quiero de ella. Su voz temblaba, el miedo y la desconfianza se apoderaron del momento. Le rogué más de una vez de que no tuviese miedo, pero claro... ¿qué le podía decir? Me contagió su temblor, las palabras se escondieron. Asustada decidió escapar, no pude ni si quiera saber su nombre y ni mucho menos, ver aquello que se ocultaba detrás de esas gafas. No puedo permitirlo, es mi única oportunidad de saber de ella, los impulsos se hicieron conmigo, corrí detrás de ella. Aunque ya estaba lejos, aún podía verla, me recordó a una ninfa que rodeaba a los árboles, los acariciaba, incluso yo diría que hasta los podía sentir. Le agarré la mano bruscamente y ella tropezó. Me quedé con unos de sus guantes en la mano, blancos como su bufanda. ¿Como podía haberle hecho eso?, ¡qué brusco, qué estúpido!. Le ofrecí mi brazo para levantarse, pero ella se quedó allí sentada en el suelo, temblando. Vi como en sus mejillas se deslizaban dos lágrimas que llegaban hasta sus labios, y allí se fundían con susurros que sollozaban un.."que quieres de mi...". Alzó su cabeza, y por fin vi su mirada, sus ojos. No me lo podía creer, no eran ni azules, ni verdes...nada, el blanco era su color, pero no fue eso lo que me sorprendió, fue la sensación de mirada perdida lo que me estremeció, mirada perdida y asustada. Ahora lo entendía todo. No emití palabra, se quedó buscando su guante en el suelo, pero rápidamente se levantó y hechó a correr.
La esperé al día siguiente con su guante, debía devolvérselo, sé que aunque ella fuese ciega veía más que los demás. Este guante blanco, blanco como su mirada, como su pureza. Estuve allí todo el día y no apareció, quizás le haya pasado algo, quizás no vuelva a verla...quizás no vuelva a verla. No pierdo la esperanza, vendré aquí, a este mismo parque, en el cuarto banco de la izquierda todos los días, con su guante, se lo devolveré, ya he esperado 25 años... sé que volverá.

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