Otras cosas bonitas.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Words


Todo está conectado, todo.

Descendientes de la vida

Lo llamaría pura conexión, pura necesidad, mi necesidad vital, mi naturaleza. Necesito sentirla, solo tengo que salir a unos diez kilómetros de radio de esta ciudad y la encuentro, encuentro a la vida. No sé como explicaros lo que siento, lo que percibo, lo que interpreto cuando estoy sentada a los pies de un árbol. Me siento más protegida que nunca, mis pulmones se llenan con un ligero aroma a paz. Las enrevesadas ramas parecen acunarme, me invitan a olvidar, a deshacerme de esa gran carga llamada temor. La ocultan, pretenden hacer que me olvide de ella, para que cuando vuelva al turbio pozo, pueda flotar un poquito más. Toco la grietas de su tronco, entre esas brechas hay miles de historias que, posteriormente, darán lugar a más conocimiento. La sabiduría de los árboles, de la naturaleza. No conozco a mujer tan sabía como ella, sé que guarda lugares secretos que jamás serán desvelados al ser humano, aprendió la lección. 
Tocar la hierba con las manos, sentirla entre tus dedos,querer echar raíces allí, sentir que ése es el lugar al que perteneces y saber que, poco a poco, te lo están arrebatando. Me encanta que el cielo se enfurezca, me encanta que las nubes se tinten de negro y que griten, que lloren desconsoladas, que hagan sentir miedo, o por mi parte, como he dicho antes, que hagan sentir la vida. La tierra se lo agradece, toda planta vuelve a respirar, y es aquí cuando aparece mi fragancia favorita, el perfume de la tierra mojada, pero no por mucho tiempo, el gigante Sol se hace un hueco entre las nubes ,y el cielo agotado gris se retira vencido. Espanta todo color sombrío y da a luz. Siempre me ha gustado pensar que la Luna y el Sol, son dos amantes que llevan toda la vida buscándose, pero que nunca han tenido oportunidad de coincidir, pero esto no les impide que salgan todos los días y nos arropen con una luz blanca, o nos avisen de que un nuevo día acaba de comenzar. Estoy segura de que los bosques son la biblioteca de la vida, quédate allí, observa cada mínimo detalle, analiza como se desarrolla, y si tienes alguna duda busca al sabio más viejo y escúchalo como nunca has escuchado. Un brisa entre árboles es la perfecta melodía, el fondo marino es el mismo cielo líquido donde no se conocen alas, sino escamas, las flores son sonrisas que nos ofrece el día a día, mis queridos árboles centenarios son viejos olvidados que se marchitan olvidadizos llevándose toda sabiduría, el mar es la cantidad de lágrimas derramadas por el Sol y la Luna... 
Realmente jamás podré decir como surge todo ésto; debe ser maravilloso saber que es lo que impulsó a crear todas éstas maravillas, pero de momento me siento a observarlas, a sentirlas, pues yo formo parte de toda esta estructura, tan compleja que se desarrolla con una dulce sencillez. Todos formamos parte ella, tan solo hay que darse cuenta, darse cuenta de que somos descendientes de la vida.

















#66
 "...y realmente, me encanta la sensación de saber que, cuando me vaya de aquí, seguiré formando parte de ésto.."

viernes, 17 de febrero de 2012

Viste con guante blanco.

Llevo viéndola desde hace un año, es preciosa. Su rostro blanco, casi pálido que brilla con cada centímetro de luz que la roza, sus finas manos que parecen ser talladas por un brillante escultor, su perfecta nariz, su media melena siempre tan arreglada, de ese color caoba que en otoño logra fundirse con el paisaje, y su tesoro por descubrir, su mirada. Siempre lleva unas gafas negras, llueva o haga sol, siempre las lleva, como si éstas formaran parte de su rostro, como algo natural. Me muero por saber que hay detrás de esos negros cristales. Quien sabe, se me pasan las horas imaginándome sus ojos, quizás sean azules como el cielo al que pertenece, o verdes como su naturaleza, o marrones como la calidez que la envuelve... de lo que no dudo es de que serán preciosos. Me siento aquí todos los días, en medio de éste parque, en el cuarto banco de la izquierda, desde las tres hasta las tres y media, y espero a que pase. Es el mejor momento del día, verla caminar con esa ligereza, vestida con su abrigo estampado, acompañado por una larga bufanda blanca, y con ese fino y elegante bastón. Sólo disfruto de su presencia durante dos o tres minutos, pero son más que suficientes. No sé si se habrá percatado de mi presencia, supongo que si... llevo sentándome aquí casi un año, todos los días, debe haberse dado cuenta de que la observo. Pero... si lo sabe ¿por qué no me dice nada? Quizás lo haga para provocarme. Quien sabe a lo que se dedicará, quizás esté casada y con hijos, o quizás viva sola acompañada de un gato, infinitas posibilidades... pero ella no da ninguna pista, es tan sencilla, y en su sencillez se haya esa profunda belleza. Sabes, me imagino su forma de ser, la imagino callada y decidida, temblorosa y fuerte, dulce e incapaz de emitir amargura, lista e ingeniosa, amante del jazz, perfecta cocinera, mejor madre... la lista se me hace infinita. No me preguntéis porque, pero no puedo decir nada negativo sobre ella, es totalmente incompatible con ese concepto. Decidido me presento hoy a ella, no puedo esperar más, no tengo nada que perder... al menos eso creo.
Trabajo en una mercería desde que era pequeño, entre telas de todos los colores y texturas... cuantas bocetos habré hecho de su cuerpo envuelto en telas, envolviéndola en seda, en esa suavidad que ella merece, delicada princesa.
Ando tras ella, hoy la ligereza y la prisa se han hecho con sus pasos, y adelantados a ella, ese fino bastón blanco. Le doy unos pequeños golpecitos en el hombro, y rápidamente se gira, mueve la cabeza con miedo y agarra su bastón con decisión. Antes de que pudiese presentarme me pregunta quien soy, que quiero de ella. Su voz temblaba, el miedo y la desconfianza se apoderaron del momento. Le rogué más de una vez de que no tuviese miedo, pero claro... ¿qué le podía decir? Me contagió su temblor, las palabras se escondieron. Asustada decidió escapar, no pude ni si quiera saber su nombre y ni mucho menos, ver aquello que se ocultaba detrás de esas gafas. No puedo permitirlo, es mi única oportunidad de saber de ella, los impulsos se hicieron conmigo, corrí detrás de ella. Aunque ya estaba lejos, aún podía verla, me recordó a una ninfa que rodeaba a los árboles, los acariciaba, incluso yo diría que hasta los podía sentir. Le agarré la mano bruscamente y ella tropezó. Me quedé con unos de sus guantes en la mano, blancos como su bufanda. ¿Como podía haberle hecho eso?, ¡qué brusco, qué estúpido!. Le ofrecí mi brazo para levantarse, pero ella se quedó allí sentada en el suelo, temblando. Vi como en sus mejillas se deslizaban dos lágrimas que llegaban hasta sus labios, y allí se fundían con susurros que sollozaban un.."que quieres de mi...". Alzó su cabeza, y por fin vi su mirada, sus ojos. No me lo podía creer, no eran ni azules, ni verdes...nada, el blanco era su color, pero no fue eso lo que me sorprendió, fue la sensación de mirada perdida lo que me estremeció, mirada perdida y asustada. Ahora lo entendía todo. No emití palabra, se quedó buscando su guante en el suelo, pero rápidamente se levantó y hechó a correr.
 La esperé al día siguiente con su guante, debía devolvérselo, sé que aunque ella fuese ciega veía más que los demás. Este guante blanco, blanco como su mirada, como su pureza. Estuve allí todo el día y no apareció, quizás le haya pasado algo, quizás no vuelva a verla...quizás no vuelva a verla. No pierdo la esperanza, vendré aquí, a este mismo parque, en el cuarto banco de la izquierda todos los días, con su guante, se lo devolveré, ya he esperado 25 años... sé que volverá.



martes, 7 de febrero de 2012

#103

- Ves, todavía sigue lloviendo.
-
Pero que dices, si te estás mirando en el espejo.
- Por eso lo digo.