Otras cosas bonitas.


sábado, 5 de octubre de 2013

Ellos

Y apretaron fuertes las manos, tanto o más que los ojos, se hundieron, sintieron como los pulmones se abrían y la mente volaba, se expandía.

Juraron con más de mil miradas, prometieron que pasase lo que pasase ninguno apagaría la luz, que no valía jugar al escondite en estos tiempos.

Se memorizaron, memorizaron cada rincón de uno tanto como del otro, siempre. Les habían dicho que debían repasar la lección antes de dormir.

Contaron todas las estrellas, las nombraron, se dedicaron a cazar a las más singulares y las guardaron por si algún día les faltaba luz.

Se bebieron, se precipitaron, llenaron un río de recuerdos, se evaporaron y volvieron a las nubes.

Durmieron, durmieron siempre, pues realmente nunca habían abierto los ojos, decían que soñar sería bonito. Y era bonito.

Volaron, les faltó el oxígeno más de una vez, pero siempre con los zapatos puestos. Las alas les pesaban, les hacían heridas.

Y despertaron, se miraron, se separaron lentamente y desaparecieron. 

Pero la luz seguía en el cajón, y los dos lo sabían, lo sabían.

martes, 16 de julio de 2013

Son cosas que pasan.

Y me dijo que nada haría que su caída fuese menos dolorosa, que no había nada que hacer, que todo estaba escrito y más que subrayado, y sobretodo que no había por qué ponerse triste, fiel a su famosa muletilla de: "son cosas que pasan". 
¿Y quién te lo ha quitado todo?¿Quién ha sido capaz? pregunté, y ella me respondió que el tiempo, que el tiempo todo lo cura, pero también todo lo mata, que no mira caras y que aún menos es cuentagotas de lágrimas. Vine sin hacer mal a nadie, sin preguntar si podía pasar, habían dejado la puerta abierta al mundo, y yo me colé y me dieron nombre. Me pusieron un paisaje en blanco y me empujaron, no veía nada pero era bonito y con paciencia pude ir distinguiendo alguna que otra luz, y lo más extraño de todo, sentí calidez en cada rincón. No sabría yo que eso quemaría. Autodidacta, sin miedo, no merecía la pena pensar las cosas, me gustaba ir descubriendo paso a paso, sin prisa. El tiempo aún no hacía presencia de su peso. No había maldad, o al menos yo no sabía de su existencia. Todo se resumía en un marco blanco, infinito. Y un día me desperté y me pesaban los ojos, se inundaron, me ataron de pies y manos, y me obligaron a abrir las ventanas, todas las puertas, me echaron fuera, me lo quitaron todo. Me quitaron el mundo, me quitaron mi mundo. Así aprendí a tragar saliva y a mirar hacía la nada, porque de lo poco que quería ver no existía, estaba sola y con vistas al dolor, al miedo. Y mira, a base de palos quise quedarme ciega, pero el efecto era justamente el contrario. Me quitaron las palabras, me inmovilizaron, me escupieron mentiras. La puerta de retorno estaba rota y sellada, siempre bajo la atenta mirada del tiempo. Y este mundo no está roto, aquí todo funciona, todo está calculado para que te duela, aquí la rota soy yo. Me han metido un tubo por la garganta y me han quitado el aire, cómo explicar que me han robado. Las reglas del tiempo son dolorosas sí, pero sabes... son cosas que pasan.
Ah, por cierto, encantada, soy Inocencia.

viernes, 15 de febrero de 2013

La esencia vacía.


Dime que no sería tentador irse de aquí, que no darías media vuelta y lo abandonarías todo, y que en el último vistazo hacia atrás tan solo dejarías unos gramos de ilusión y de esperanza, y por supuesto una media sonrisa, la media sonrisa que nunca falte. Es tentador desaparecer, y yo me pregunto que por qué me atraerá tanto el no sentir nada, un día sin sentir absolutamente nada, ser algo inerte, un día de descanso para los sentimientos, no estaría nada mal. Supongo que tiendo a ahogar a las sensaciones, trato de comprimir tanto su verdadero significado que al final las dejo vacías, y aún así este asesinato de esencias me sabe a poco. Más de una vez me he asfixiado en este proceso, la curiosidad de querer saberlo todo, de recorrer cada esquina me ha llevado a un angustioso y apretado callejón del cual he podido escapar con heridas profundas e infectadas. Cicatrices que nos dejan las experiencias, ya ves tú, menuda carga la del ser humano. Odio las sensaciones que se ciñen a nosotros, las que llevamos cosidas en la piel y grabadas a fuego en mente, esas que tienen fecha de caducidad y de las cuales esperas a que un día sin más sucedan, sensaciones previsibles, para mí, sensaciones vacías, sensaciones tristes. Soñáis con tener alas, con rozar nubes, con contarle a las estrellas vuestros más profundos secretos, con captar el verdadero color de la oscuridad del espacio, con ver el mundo desde arriba y sentiros más pequeños que nunca, sensaciones que se nos van de las manos, que en un suspiro se nos van junto con un poquito de desilusión. 
Si rozar la piel de una persona a veces ya nos parece fascinante, imagínate lo que debe ser rozar las nubes.

Apaga las luces


Cuando se apagan las luces, escucho los relojes
estoy buscando el sueño que dejé anoche. 
Respiro todo el aire del que bailan los colores, 
llenando hasta el último rincón de mis pulmones.
Mirando la luz de los enchufes en el suelo,
creo que en mi cuarto nacen las constelaciones.

Y no sé de a que lado girarme,
es la almohada quien me escucha,
más no puedo abrazarme.
Y lanzarme a la piscina en la que flotan los sueños.
Quisiera estar contigo y compartir el insomnio, 
pero en esta cama llueve y todo se disuelve.

Durmiendo dice cosas que de día no se atreve,
las horas son más largas en el reino de Selene.
Lloran las palabras por poemas que se mueren,
por las frases que no apunto antes de dormirme.
Conozco gente que no existe al despertarme.

Y me pregunto a donde irán los besos que doy en los sueños.
¿De quién son esos labios tan extraños?
¿De quién he sido dueño y quién me roba el tiempo?
¿Cuánto tiene de imaginación y cuánto de recuerdo?

Se tuerce el lápiz, me debo estar durmiendo.
Creo que al despertarme te voy a echar de menos, te voy a echar de menos...

Apaga las luces
-Carlos Sadness