¿Y quién te lo ha quitado todo?¿Quién ha sido capaz? pregunté, y ella me respondió que el tiempo, que el tiempo todo lo cura, pero también todo lo mata, que no mira caras y que aún menos es cuentagotas de lágrimas. Vine sin hacer mal a nadie, sin preguntar si podía pasar, habían dejado la puerta abierta al mundo, y yo me colé y me dieron nombre. Me pusieron un paisaje en blanco y me empujaron, no veía nada pero era bonito y con paciencia pude ir distinguiendo alguna que otra luz, y lo más extraño de todo, sentí calidez en cada rincón. No sabría yo que eso quemaría. Autodidacta, sin miedo, no merecía la pena pensar las cosas, me gustaba ir descubriendo paso a paso, sin prisa. El tiempo aún no hacía presencia de su peso. No había maldad, o al menos yo no sabía de su existencia. Todo se resumía en un marco blanco, infinito. Y un día me desperté y me pesaban los ojos, se inundaron, me ataron de pies y manos, y me obligaron a abrir las ventanas, todas las puertas, me echaron fuera, me lo quitaron todo. Me quitaron el mundo, me quitaron mi mundo. Así aprendí a tragar saliva y a mirar hacía la nada, porque de lo poco que quería ver no existía, estaba sola y con vistas al dolor, al miedo. Y mira, a base de palos quise quedarme ciega, pero el efecto era justamente el contrario. Me quitaron las palabras, me inmovilizaron, me escupieron mentiras. La puerta de retorno estaba rota y sellada, siempre bajo la atenta mirada del tiempo. Y este mundo no está roto, aquí todo funciona, todo está calculado para que te duela, aquí la rota soy yo. Me han metido un tubo por la garganta y me han quitado el aire, cómo explicar que me han robado. Las reglas del tiempo son dolorosas sí, pero sabes... son cosas que pasan.
Ah, por cierto, encantada, soy Inocencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario