Creo que soy capaz de desatar más energía en un segundo que cualquier estrella del universo en toda su larga vida. Y floto, aquí y allá, energía que pasa a través de mí, por mis venas, por mis ojos. Niebla que acude a mí cuando más lo necesito, respirar humo, resguardarme del presente, dormir para el futuro, y quizás desaparecer por un pasado. A veces pierdo el tacto y no siento el calor humano, pero el frío de tu mirada sigue atravesando ojos. Enredadera de pelo, guarda y decora mi enorme castillo, cobras negras que muerden mi sangre sacian su sed de veneno, maquiavélica medusa interior. Musa, no me pidas más, búscate a otra amante que sacie tus noches de versos que dan vueltas de campana en camas, en corazones. Confiad en los cuervos, traen verdad en sus ojos y no en palomas y sus fingidos mensajes de paz, sabemos que estamos en guerra, siempre estamos en guerra. Y que sí, que Piedad iba a venir a verme, pero antes de doblar la última esquina miró mi foto y se lo pensó. Morfeo dejó de venir a visitarme, se cansó de cruzar cascadas hasta llegar a mi casa, se cansó del frío y me borró de su lista. No me preocupa, Insomnia me cuida, siempre está conmigo y me cuenta historias hasta que mis párpados se derrumban por su propio peso, párpados cargados de desastres, ojeras que hacen de colinas hacia el precipicio de mi boca, donde tu nombre siempre se cae.

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