Propongo bailar en silencio, que entre
susurro y susurro me tropiece y tú resbales en mí, en mis zapatos.
No es luna llena para todos y para algunos es rutina, mujeres lobo en
guardia buscan cobijo hoy, donde el corazón pueda hibernar. Y sí,
me faltaron palabras, pero se me acabó el tan anhelado hilo que
hacía esa bonita puntada entre verso y verso, esos vestidos llenos
de cuentos que cada noche te quitabas sólo para mí. Prométeme con
la mirada que no mientes, que has venido para quedarte y que no
huirás, hoy no hay luna llena para ti, hoy me debes un baile. Qué
duro es pensar que con esta joven edad ya llevo una eternidad en la
espalda y un reloj delante, mira que quise ser esclavo del tiempo
pero te cruzaste en este vacío y no existe otra estrella que se
atreva a guiar en la oscuridad permanente de esto que algunos llaman
alma. La noche fue creada para aquellos que creemos en la eternidad,
para perdernos en las notas de Carolyn Jones, para compensar tu
pesado silencio. ¿Sabes si han regresado ya los cuervos? Muchos han
caído en mitad de la noche, pero increíblemente siempre vuelven a
casa, siempre vuelven. Descálzate, quizás vuelvas a sentirte como
en casa, te acostumbrarás al frío suelo y a unas cálidas manos, te
lo prometo. Diciembre es el mes de los valientes y de los finales,
hay que tener valor para tallar “the end” en el frío de alguien
y no salir ileso. Para cuando quise darme cuenta aprendí que mi
reloj no marcaba tu tiempo, sino tu dirección, y así me consumí
los números dejando de lado la variable de la distancia, esa que tan
bien conoces. Si no te importa, escribiré yo este último movimiento,
que en tus manos todo es dulcemente impredecible y al final acabo yo
resbalando. Si buscabas hibernarte en mí lo has conseguido, lámete
las heridas y vuelve a huir, pero no vuelvas a hacerme abrir si de
nuevo sales corriendo.

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