Otras cosas bonitas.


domingo, 29 de noviembre de 2015

Abisal

El aire se me está haciendo pesado. Me siento como la sombra de mi sombra, mi verdadero yo ya es un zombie del que hace tiempo que no sé nada, no me interesa. Vivo detrás de mis propias murallas, y me gusta así. No tengo el más mínimo interés en la humanidad, en lo que sintáis o dejéis de sentir, me da igual. No me alimento de esperanzas, si así lo hubiera hecho hubiera muerto hace tiempo, aunque creo que llevo de crucero en la barca de Caronte unos años. No me interesan vuestras historias, batallas de pacotilla. Hace tiempo que dejé el cuerpo humano para convertirme en ésto, que no sé lo que es, llámalo alma, llámalo "verdadero ser", o llámalo haber tocado fondo. Y sí, lo he he tocado, y no lo toco para volver a subir, no me importa quedarme aquí, en el fondo de mi océano, la presión ya no puede conmigo, me he convertido en un ser abisal. Ya me advertí en tiempos de tormentas que todo tendría sus consecuencias, y ya me ves, con ojos blancos acuosos. Voy a cambiar las alas que una vez me dieron por escamas, me parece un buen trato. No quiero veros desde lo alto, ni tampoco escucharos desde lo bajo, por lo que me voy de viaje a tocar lo más bajo literalmente. Me dejo medio corazón de repuesto aquí en la tierra por si acaso lo necesitara, cosa que dudo. Allí no llega la luz, por lo que dejaré de ser sombra. Que me voy a encontrar con seres horrorosos, bueno, nada que no haya visto ya por aquí arriba. Que son monstruos dicen, miraos a vosotros, hipócritas, un ser de las profundidades tiene más corazón que cualquiera de vosotros. Estoy harta de cada uno de vosotros, estoy harta de mi misma y quizás por eso me voy, quizás la hipócrita de todo ésto sea yo, porque la que no se aguanta aquí, la que no se soporta, la que no quiere quedarse, soy yo.

No tengo miedo, era un viaje que ya tenía planeado, mi cuerpo se estaba acostumbrando a ello, la presión va a ser la misma. Quizás las sirenas fueron eso, seres que no aguantaban más en este mundo y decidieron partir a otro, y allí acostumbrarse a la inmensa y cálida soledad del mar. Yo no pretendo convertirme en una de ellas, me parecen demasiado bonitas y son protagonistas de cualquier historia. Yo quiero ser un ser abisal, quiero irme al fondo de todo este asunto, aunque me deshaga en el intento. No me importa perderme, es más, esa es mi misión. Debe hacerte temblar estar allí, tocando el fin del suelo, en la pura oscuridad y sin escuchar absolutamente nada. Me han avisado de que, algunos seres abisales se guían por una luz que ellos mismos se proporcionan, la luz de su alma perdida dicen. Espero llegar hasta allí y también desprender mi luz, una luz que sea tan potente que cruce los kilómetros que me separen desde allí abajo a vuestro mundo, y que veáis que sí, que estuve viva, que era feliz, que lo intenté, y que también me cansé. Que me recordéis por lo bueno que pude hacer, pero me he cansado de mí y de vosotros, y se acabó.



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