Llevo muchos años ya jugando en este juego, y nada nuevo siempre el mismo sol, el mismo foco.
A veces me coloco y creo que debo ser fuego
porque llego y convierto en ceniza todo lo que toco.
[...]
Ya no crecen flores nuevas en los arrabales
porque aquí pasan los días pero todos son iguales.
Y yo solo rindo frente a una copa vacía,
tengo de compañía el silencio y su melodía.
Escribo por la noche pa’ poder dormir de día
soy amante del derroche, despilfarro la alegría
si la tengo, porque a veces es tan cara
que el dinero no la paga aunque lo intente.
Tú siente y compara,
dime quién te ampara,
Dime quién repara
cuando el miedo es el que te mira a la cara.
Dime, cuando el folio es el testigo de mi crimen.
Quién me salva cuando el dolor a mi me oprime el alma.
Cuando lloro desde la noche hasta el alba
como un niño que de amigas tiene a dos ojeras malva.
[...]
La luna de enero enamoró a mi lapicero.
Yo prefiero demostrártelo a decirte que te quiero.
Sé que el material de las palabras es ligero,
que la vida es corta, el reloj un embustero.
Todo lo que importa no se compra con dinero
pero que le voy a hacer si el placer es pasajero.
Cuesta amanecer en esta jungla de acero,
con poco que ofrecer, yo doy siempre lo que tengo.
[...]
Yo para encontrarme tuve que perderme,
tuve que aprender a desprenderme.
Y ahora voy un poco más libre,
un poco más triste
en busca de una frase que se que ya no existe.
Solo soy el prisionero del tintero y de tu piel.
El guerrero, bucanero de un velero de papel.
El patito feo, el castigado del recreo
Otro Teseo de paseo que se quedó sin cordel.
Aún me queda aire,
por suerte mi sombra siempre me concede un baile.
Ay de este corazón ciego de orgullo
que dice que si no es tuyo ya no quiere ser de nadie.
Y no nos sonríe igual la luna,
o quizás sea el espejo que ya no concede treguas
a los huesos de este viejo que no se muerde la lengua.
Nena, véngame si muero en esta batalla
y luego llévame junto a la playa
y entiérrame en la arena cerca de la orilla,
pa’ que el mal me haga cosquillas
y de noche me visiten las sirenas.
Que, solo yo sé lo que pesa este pellejo de
niño viejo, de macarra con complejos,
me miro en el espejo y te
juro que no dejo de pensar
que si no encuentro la felicidad lo dejo.
Tengo la suerte del que escribe por placer
que sabe que la vida es perdonar y agradecer.
Con poco más que hacer,
escribir y envejecer,
y esperar a que la muerte tenga labios de mujer.
Lo confieso, a veces sueño con ese beso
que quita el peso y haga del final el regreso.
Para ser libre en este mundo preso
solo nos queda el sexo, ponerle algo de ceso.
[...]
Cuando han perdido peso los huesos que van conmigo, ya solo me confieso en el folio sobre el que escribo.
Tren expreso sin regreso hacia el olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario