[...]
Al cobijo de la noche, tú y yo sentaditos en la cama.
El sol que nos persigue ya no viene hasta mañana,
tenemos unas horas pa' empezar a conocernos
y enseñarles a los Dioses lo que valen nuestros cuerpos.
Vida mía, honremos el milagro de estar vivos
el tiempo hará ceniza de los besos que nos dimos,
por eso amor mío propongo que disfrutemos
porque lo que no hagas hoy mañana lo echarás de menos.
Yo, puedo darte este segundo y este otro,
pero niña no me pidas que tengamos un nosotros
pues he nacido libre y soy esclavo del placer
y no tengo más patria que el cuerpo de una mujer.
Tú, búscame cuando la soledad te venza,
y el frío de la noche pueda más que tu vergüenza,
en mí encontrarás un paraíso de caricias
de técnicas antigüas casi Egipcias, de besos y delicias.
Y es que en mi cama está prohibida la rutina,
allí no hay religión que nos reprima
ni Dios que nos condene al infierno de su ira.
No somos de mentira, los pecados son instintos que deliran...
Cada día todavía resucito,
cada día vida mía me enamoro,
cada día en un mucho hay un poquito
que merece ser guardado como oro...
Otras cosas bonitas.
viernes, 30 de octubre de 2015
jueves, 29 de octubre de 2015
Aún sigues por aquí.
Y se escuchan truenos, nubes negras amenazan mis azoteas y se forma un gran cumulonimbus que se adentra por cada parte de mi cerebro. Comienzan los relámpagos y mis ojos se iluminan al son de los truenos, la lluvia empieza a mojar cada parte de mi cerebro y mis neuronas se refugian donde pueden, pero siempre hay alguna despistada que corre por su cuenta y no se percata de que la tormenta ha comenzado, y para cuando quiere refugiarse es demasiado tarde, la lluvia la ha acorralado. Las neuronas son una gran familia, todas están conectadas, pero fue demasiado tarde, a esta pequeña despistada la lluvia la había alcanzado, y sí, una gota la acarició y de ella comenzaron a desprender chispas y una luz azul muy intensa, ella estaba asustada pero pronto se percató que a todas sus compañeras refugiadas le sucedían lo mismo, comenzaban a desatar luz. Y así todo mi cerebro se convirtió en un precioso cortocircuito en el que no había actividad alguna, todas mis neuronas descansaban por ese gran impacto sufrido.
Para cuando me quise dar cuenta sentí algo todavía por allí, andando, mejor dicho, intentando escapar, era un pequeño ser que salía de la zona de mis recuerdos, y eras tú. Tú saliste de mi propia tormenta personal en busca de alguna salida, de un lugar algo más cálido, ya que aquello no era más que un cementerio de neuronas y sentías miedo. Te tocaba hacer un largo viaje por mis adentros, y sabrías que no sería nada fácil, algo dentro de ti te decía que habría muchas trampas en las que ya caíste más de una vez, así que esta vez irías con pies de plomo observando cada rincón por si algo malo acechaba a tus espaladas. Recuerdas ver dos puntos de luz lejanos y creíste que ese sería un buen lugar para escapar, así que lograste salir de entre las enredaderas de mi cerebro para acercarte a aquellas ventanas, la luz era tenue, pero allí todo era oscuro y no había otra opción. Y valiente, recorriste ese camino que te llevaba a la luz, notabas que el suelo estaba húmedo por lo que acercarte cada vez se te hacía más costoso. A cada paso dado, te diste cuenta de que se formaban pequeñas corrientes de agua, estas corrientes se convirtieron en ríos, de ríos pasaron a lagos y de lagos a mares. Te agarraste a las paredes de aquellos lugares para que la corriente no te llevara con ella, no sabrías si aquel camino tenía final por lo que decidiste que lo más seguro sería hacer aquello. Te sorprendiste por el final de aquel camino, porque te encontraste con dos cataratas inmensas y por más que quisieras ver una línea en el horizonte no podías distinguir nada. Todo estaba demasiado nublado, y sabías que aquel sitio era peligroso, pero además de eso, sentiste otra cosa, que ese sitio, aquel lugar, era muy triste. En tu pequeño corazón te diste cuenta de todo lo que estaba sucediendo en aquel momento, esas grandes cataratas, aquel lugar, eran mis ojos, te diste cuenta de que estabas dentro de mí. Aunque no se pudieses ver nada, era una imagen bonita, si mirabas hacía abajo podías ver como el gran mar se desbocaba a algún lugar infinito. Era confuso para ti, no supiste saber si aquello era una imagen bonita o quizás triste.
Aquella salida te pareció peligrosa por lo que decidiste volver al punto de partida, recorriste de vuelta el camino a la oscuridad. Volviste a aquel lugar oscuro y frío, te sentiste desorientado, tenías miedo de hacer cualquier cosa e hiciese que aquel lugar se desmoronase, pero de entre aquel lugar tan sumamente oscuro apareció una pequeña, casi diminuta luz azul, su luz parpadeaba, no le quedaba mucho por hacer a aquella pequeña neurona, la cogiste delicadamente con las dos manos y la miraste atentamente. Ellas no pueden hablar, pero te señaló un túnel y de alguna manera sentiste que esa pequeña te sonrió, y se apagó en tus manos. La dejaste con las demás para que así pudiera descansar en paz y seguiste su consejo.
Recorriste el camino que te aconsejó, era un túnel grande y algo resbaladizo, pero tú pudiste descender sin mucha dificultad ya que detrás de aquellas paredes, y a la par que más descendías, podías ver como éstas se iluminaban. Escuchaste un sonido, mejor dicho un estruendo que cada vez era más y más fuerte, las paredes comenzaban a vibrar y más de una vez pudiste caer a ese pozo sin fondo. Comenzaste a desconfiar de aquella pequeña luz que te aconsejó seguir éste camino, pero aún así seguiste con tu recorrido. Hubo un momento que pensaste que aquel túnel era infinito, un laberinto casi, la curiosidad de que había detrás de aquellas paredes se apoderaba de ti, una fuerte luz color naranja y unos estruendos como si de los famosos truenos que te trajeron aquí de alguna manera se estuvieran invocando en ese lugar. No querías descender más pues sabías que aquello quizás fuese tu perdición, por lo que con todas tus fuerzas comenzaste a pegar a aquellas paredes, cada vez más y más fuerte hasta que se hizo una pequeña grieta, fue fácil hacerla más grande, y te colaste en aquel lugar, en el lugar más importante y quizás bonito que tengo.
Viste como mis costillas, que parecían viejos árboles blancos protegían a una gran piedra que derrochaba una preciosa luz naranja, una luz que te invitaba a cerrar los ojos y a descansar. Pero no quisiste hacerlo, viste que también alrededor se alzaban dos grandes pilares que se inflaban y desinflaban, y cuando lo hacían simulaban un sonido, como si cientos de pájaros cantasen a la vez, parecía un lugar mágico. Sin tiempo que perder, subiste por las escaleras de mi columna vertebral, hasta que llegaste a esa gran piedra, era enorme. Sabías que esa gran parte de mí era mi corazón y te daba la sensación de que mis costillas te vigilaban a toda costa por si se te ocurría dañarlo. Conforme te acercabas, aquel ser enorme se iluminaba más y más, y tuviste el valor de acercar tu mano y tocarlo. Todo comenzó a agitarse, a temblar y conseguiste agarrarte a él para no caer al vacío que sustentaba todo aquello. No duró mucho, pero por miedo decidiste no volver a tocarlo, tenías miedo de volver a hacerlo tiritar, pero viste que el resultado de aquel pequeño terremoto era que una pequeña puerta en mi corazón se había abierto, decidiste entrar, y cuando pusiste un pie dentro de él todo se iluminó, pero no fue una luz cualquiera, fue una luz cegadora que te dejó fulminado.
No supiste bien cuantos días pasaron, quizás semanas, quizás meses, pero estabas aún dentro de mi pequeño motor, acurrucado en un rincón, sentías una tenue calor y una luz que te invitaba a quedarte allí para siempre. Estabas cómodo allí, y lo mejor de todo, sentías mucho cariño, porque era un lugar donde la ternura se podía respirar. Como no eras consciente del tiempo que había pasado decidiste salir de allí e investigar un poco aquellos lares, jugabas con mis costillas, te colgabas de ellas, y de alguna manera en tu pequeño corazón sentías que yo sonreía, no sabías si quizás me estabas haciendo cosquillas o simplemente me alegraba de que estuvieses jugando por mis adentros, pero eso te hacía sonreír, así que decidiste quedarte allí unas semanas más. Dormías en mi corazón y jugabas e investigabas cada rincón de mi caja toráfica, fuiste como el pequeño engranaje que le hacía falta a todo aquello para que volviese a funcionar, la pequeña pila que le dio un empujoncito a la gran fábrica de mi corazón.
Llegó el día que decidiste partir de allí, debías seguir tu camino, volviste a subir por mi garganta y para tu sorpresa cuando llegaste a mi cerebro viste que éste volvía a funcionar como una ciudad a plena hora punta, cientos de corrientes eléctricas corrían por él, parecía que las pequeñas neuronas tenían una prisa abrumadora por llegar a dónde quieran que tuvieran que llegar. Te diste cuenta en un momento de que aquella pequeña luz que una vez te señaló un camino andaba hacia a ti, pero esta vez desprendía una luz enérgica, es más daba pequeños saltos conforme se acercaba a tus pies. La volviste a coger con mucho cariño y te volvió a señalar otro camino, y éste era el que llevaba a mis ojos, le explicaste que ya intentaste salir por allí y que fue imposible, pero ella negó con su pequeña cabecita y volvió a señalarte aquel camino. Volviste a confiar en aquella pequeña luz que rápidamente volvió a su lugar de trabajo, escuchaste un leve "gracias", el cual no supiste de dónde vino, quizás fue tu imaginación, quizás no.
Volviste a recorrer el sendero que llevaban a mis ojos, a esas dos ventanas, pero esta vez el camino no estaba húmedo, es más podrías encontrarte alguna flor que otra por el camino, la luz cada vez estaba más cerca y pudiste salir, no era peligroso. Volviste a tu tamaño natural, abrumado pero contento por la experiencia y seguiste hacia delante, pero una mano se apoyó sobre tu hombro y rápidamente te diste la vuelta, y era yo. Te abracé y te susurré: "Aún sigues por aquí".
Para cuando me quise dar cuenta sentí algo todavía por allí, andando, mejor dicho, intentando escapar, era un pequeño ser que salía de la zona de mis recuerdos, y eras tú. Tú saliste de mi propia tormenta personal en busca de alguna salida, de un lugar algo más cálido, ya que aquello no era más que un cementerio de neuronas y sentías miedo. Te tocaba hacer un largo viaje por mis adentros, y sabrías que no sería nada fácil, algo dentro de ti te decía que habría muchas trampas en las que ya caíste más de una vez, así que esta vez irías con pies de plomo observando cada rincón por si algo malo acechaba a tus espaladas. Recuerdas ver dos puntos de luz lejanos y creíste que ese sería un buen lugar para escapar, así que lograste salir de entre las enredaderas de mi cerebro para acercarte a aquellas ventanas, la luz era tenue, pero allí todo era oscuro y no había otra opción. Y valiente, recorriste ese camino que te llevaba a la luz, notabas que el suelo estaba húmedo por lo que acercarte cada vez se te hacía más costoso. A cada paso dado, te diste cuenta de que se formaban pequeñas corrientes de agua, estas corrientes se convirtieron en ríos, de ríos pasaron a lagos y de lagos a mares. Te agarraste a las paredes de aquellos lugares para que la corriente no te llevara con ella, no sabrías si aquel camino tenía final por lo que decidiste que lo más seguro sería hacer aquello. Te sorprendiste por el final de aquel camino, porque te encontraste con dos cataratas inmensas y por más que quisieras ver una línea en el horizonte no podías distinguir nada. Todo estaba demasiado nublado, y sabías que aquel sitio era peligroso, pero además de eso, sentiste otra cosa, que ese sitio, aquel lugar, era muy triste. En tu pequeño corazón te diste cuenta de todo lo que estaba sucediendo en aquel momento, esas grandes cataratas, aquel lugar, eran mis ojos, te diste cuenta de que estabas dentro de mí. Aunque no se pudieses ver nada, era una imagen bonita, si mirabas hacía abajo podías ver como el gran mar se desbocaba a algún lugar infinito. Era confuso para ti, no supiste saber si aquello era una imagen bonita o quizás triste.
Aquella salida te pareció peligrosa por lo que decidiste volver al punto de partida, recorriste de vuelta el camino a la oscuridad. Volviste a aquel lugar oscuro y frío, te sentiste desorientado, tenías miedo de hacer cualquier cosa e hiciese que aquel lugar se desmoronase, pero de entre aquel lugar tan sumamente oscuro apareció una pequeña, casi diminuta luz azul, su luz parpadeaba, no le quedaba mucho por hacer a aquella pequeña neurona, la cogiste delicadamente con las dos manos y la miraste atentamente. Ellas no pueden hablar, pero te señaló un túnel y de alguna manera sentiste que esa pequeña te sonrió, y se apagó en tus manos. La dejaste con las demás para que así pudiera descansar en paz y seguiste su consejo.
Recorriste el camino que te aconsejó, era un túnel grande y algo resbaladizo, pero tú pudiste descender sin mucha dificultad ya que detrás de aquellas paredes, y a la par que más descendías, podías ver como éstas se iluminaban. Escuchaste un sonido, mejor dicho un estruendo que cada vez era más y más fuerte, las paredes comenzaban a vibrar y más de una vez pudiste caer a ese pozo sin fondo. Comenzaste a desconfiar de aquella pequeña luz que te aconsejó seguir éste camino, pero aún así seguiste con tu recorrido. Hubo un momento que pensaste que aquel túnel era infinito, un laberinto casi, la curiosidad de que había detrás de aquellas paredes se apoderaba de ti, una fuerte luz color naranja y unos estruendos como si de los famosos truenos que te trajeron aquí de alguna manera se estuvieran invocando en ese lugar. No querías descender más pues sabías que aquello quizás fuese tu perdición, por lo que con todas tus fuerzas comenzaste a pegar a aquellas paredes, cada vez más y más fuerte hasta que se hizo una pequeña grieta, fue fácil hacerla más grande, y te colaste en aquel lugar, en el lugar más importante y quizás bonito que tengo.
Viste como mis costillas, que parecían viejos árboles blancos protegían a una gran piedra que derrochaba una preciosa luz naranja, una luz que te invitaba a cerrar los ojos y a descansar. Pero no quisiste hacerlo, viste que también alrededor se alzaban dos grandes pilares que se inflaban y desinflaban, y cuando lo hacían simulaban un sonido, como si cientos de pájaros cantasen a la vez, parecía un lugar mágico. Sin tiempo que perder, subiste por las escaleras de mi columna vertebral, hasta que llegaste a esa gran piedra, era enorme. Sabías que esa gran parte de mí era mi corazón y te daba la sensación de que mis costillas te vigilaban a toda costa por si se te ocurría dañarlo. Conforme te acercabas, aquel ser enorme se iluminaba más y más, y tuviste el valor de acercar tu mano y tocarlo. Todo comenzó a agitarse, a temblar y conseguiste agarrarte a él para no caer al vacío que sustentaba todo aquello. No duró mucho, pero por miedo decidiste no volver a tocarlo, tenías miedo de volver a hacerlo tiritar, pero viste que el resultado de aquel pequeño terremoto era que una pequeña puerta en mi corazón se había abierto, decidiste entrar, y cuando pusiste un pie dentro de él todo se iluminó, pero no fue una luz cualquiera, fue una luz cegadora que te dejó fulminado.
No supiste bien cuantos días pasaron, quizás semanas, quizás meses, pero estabas aún dentro de mi pequeño motor, acurrucado en un rincón, sentías una tenue calor y una luz que te invitaba a quedarte allí para siempre. Estabas cómodo allí, y lo mejor de todo, sentías mucho cariño, porque era un lugar donde la ternura se podía respirar. Como no eras consciente del tiempo que había pasado decidiste salir de allí e investigar un poco aquellos lares, jugabas con mis costillas, te colgabas de ellas, y de alguna manera en tu pequeño corazón sentías que yo sonreía, no sabías si quizás me estabas haciendo cosquillas o simplemente me alegraba de que estuvieses jugando por mis adentros, pero eso te hacía sonreír, así que decidiste quedarte allí unas semanas más. Dormías en mi corazón y jugabas e investigabas cada rincón de mi caja toráfica, fuiste como el pequeño engranaje que le hacía falta a todo aquello para que volviese a funcionar, la pequeña pila que le dio un empujoncito a la gran fábrica de mi corazón.
Llegó el día que decidiste partir de allí, debías seguir tu camino, volviste a subir por mi garganta y para tu sorpresa cuando llegaste a mi cerebro viste que éste volvía a funcionar como una ciudad a plena hora punta, cientos de corrientes eléctricas corrían por él, parecía que las pequeñas neuronas tenían una prisa abrumadora por llegar a dónde quieran que tuvieran que llegar. Te diste cuenta en un momento de que aquella pequeña luz que una vez te señaló un camino andaba hacia a ti, pero esta vez desprendía una luz enérgica, es más daba pequeños saltos conforme se acercaba a tus pies. La volviste a coger con mucho cariño y te volvió a señalar otro camino, y éste era el que llevaba a mis ojos, le explicaste que ya intentaste salir por allí y que fue imposible, pero ella negó con su pequeña cabecita y volvió a señalarte aquel camino. Volviste a confiar en aquella pequeña luz que rápidamente volvió a su lugar de trabajo, escuchaste un leve "gracias", el cual no supiste de dónde vino, quizás fue tu imaginación, quizás no.
Volviste a recorrer el sendero que llevaban a mis ojos, a esas dos ventanas, pero esta vez el camino no estaba húmedo, es más podrías encontrarte alguna flor que otra por el camino, la luz cada vez estaba más cerca y pudiste salir, no era peligroso. Volviste a tu tamaño natural, abrumado pero contento por la experiencia y seguiste hacia delante, pero una mano se apoyó sobre tu hombro y rápidamente te diste la vuelta, y era yo. Te abracé y te susurré: "Aún sigues por aquí".
martes, 27 de octubre de 2015
Y parece...
Y parece que todo se vuelve a llenar de luz, poquito a poco... mi luz, la tuya. Gracias.
lunes, 26 de octubre de 2015
Ex-traños
'Mira, vamos a hacer un trato: Yo no te voy a decir cosas bonitas, ni haré malabares para coincidir contigo. Tampoco voy a darte una larga conversación, ni a enseñarte fotos antiguas de las que llevo guardadas en el móvil. No te voy a hacer preguntas incómodas, ni cómodas, ni retóricas. Puede que te diga de ir a tomar algo, una cerveza o dos, pero no voy a invitarte ni voy a dejar que me invites. Mientras nos contamos cosas sin importancia voy a sonreír con el botellín en mis labios, y bajaré mis ojos desde los tuyos hasta tu boca de una forma tan obvia, que el escalofrío que sientas en la nuca va a resbalarse por tu columna hasta llegar al taburete del bar.
Con cualquier excusa estúpida me voy a acercar a ti para que entiendas que no quiero ser tu amiga, que no tengo ninguna intención de meterte en esa zona, que nosotros pertenecemos a otra diferente; pero no voy a contarte nada de eso todavía. Porque ahora, mientras me levanto para hacer cualquier cosa que se salga del guión, voy a pasar mi mano por tu espalda como quien lo hace de forma natural y rutinaria con el resto de la gente, y eso te dirá más que ninguna de las cosas que te haya contado hasta ese momento con palabras.
Voy a tardar un par de minutos, el tiempo justo para que tú puedas coger tu móvil y pensar en escribirle a alguna amiga tuya que no sabes de qué voy, ni qué va a pasar, que ni siquiera sabes si quieres que pase algo; pero en realidad sí lo sabes. Que sabes que desde el primer momento que he puesto mi mano en tu cintura al presentarnos he querido agarrarte por la hebilla de tus vaqueros. Que sabes que mi sonrisa con los labios pegados al botellín la quiero reproducir en bucle en tu cuello, y en tus costillas, y debajo de tu ombligo. Sabes que me encanta que me besen despacio y me empujen suavemente contra la pared. Y lo sabes porque te mueres de ganas de hacerlo, con esas ganas que sólo pueden venir de ese sitio en el que tú y yo ya nos hemos hecho todo lo que nadie se imagina. Ese sitio en el que ya te he dicho dieciséis mil doscientas trece cosas bonitas y en el que he hecho toda clase de malabares para coincidir contigo. Donde hemos tenido conversaciones tan largas como el recorrido de una espiral y te he enseñado todas las fotos vergonzosas de mi pasado para hacerte reír. Ese sitio donde ya nos hemos hecho preguntas incómodas, y cómodas, y retóricas y te he invitado a esa cerveza, y a las tres siguientes, y a conocerme y olvidarme de forma cíclica para sorprenderte cada día descubriéndome por primera vez.
Fíjate qué curioso, todo lo que nos ha pasado siendo unas completas extraños'.
Con cualquier excusa estúpida me voy a acercar a ti para que entiendas que no quiero ser tu amiga, que no tengo ninguna intención de meterte en esa zona, que nosotros pertenecemos a otra diferente; pero no voy a contarte nada de eso todavía. Porque ahora, mientras me levanto para hacer cualquier cosa que se salga del guión, voy a pasar mi mano por tu espalda como quien lo hace de forma natural y rutinaria con el resto de la gente, y eso te dirá más que ninguna de las cosas que te haya contado hasta ese momento con palabras.
Voy a tardar un par de minutos, el tiempo justo para que tú puedas coger tu móvil y pensar en escribirle a alguna amiga tuya que no sabes de qué voy, ni qué va a pasar, que ni siquiera sabes si quieres que pase algo; pero en realidad sí lo sabes. Que sabes que desde el primer momento que he puesto mi mano en tu cintura al presentarnos he querido agarrarte por la hebilla de tus vaqueros. Que sabes que mi sonrisa con los labios pegados al botellín la quiero reproducir en bucle en tu cuello, y en tus costillas, y debajo de tu ombligo. Sabes que me encanta que me besen despacio y me empujen suavemente contra la pared. Y lo sabes porque te mueres de ganas de hacerlo, con esas ganas que sólo pueden venir de ese sitio en el que tú y yo ya nos hemos hecho todo lo que nadie se imagina. Ese sitio en el que ya te he dicho dieciséis mil doscientas trece cosas bonitas y en el que he hecho toda clase de malabares para coincidir contigo. Donde hemos tenido conversaciones tan largas como el recorrido de una espiral y te he enseñado todas las fotos vergonzosas de mi pasado para hacerte reír. Ese sitio donde ya nos hemos hecho preguntas incómodas, y cómodas, y retóricas y te he invitado a esa cerveza, y a las tres siguientes, y a conocerme y olvidarme de forma cíclica para sorprenderte cada día descubriéndome por primera vez.
Fíjate qué curioso, todo lo que nos ha pasado siendo unas completas extraños'.
domingo, 25 de octubre de 2015
La famosa sonrisa.
Nunca encontrarás realmente las palabras perfectas, algo más que sólo... "adiós". Es difícil recordar los buenos tiempos cuando había tanto dolor de cabeza. Y se merecían más que eso, se merecen más que sólo un momento de tristeza, así que sólo recuerda: Cuando hay suficiente amor en nuestros corazones a punto de estallar como una jodida supernova, luego está lo suficientemente seguro como el infierno el amor en nuestro en nuestro corazón para despertar ya la famosa sonrisa. Todos perdemos a alguien en algún momento de nuestras vidas, pero nunca dejamos de lado la sonrisa. Un momento para siempre, porque ésta es mi dedicación final.
sábado, 24 de octubre de 2015
Ayer te vi pasar
Ayer te vi pasar, andabas por la calle de mis sueños,
que hace esquina con el sol de la mañana,
que me viene a despertar, ayer te vi pasar.
Andabas con aquel vestido verde,
y esos ojos de leona que me pierden y ese aroma a madrugá'.
Ayer te vi pasar, andabas por la sangre de mis venas,
por la calle que hace esquinas con mis penas,
como andan las olas por el mar.
Reina de mis reinos por reinar, si estos ojos no te ven,
no saben si no llorar, esta boca dice amen,
sin saber lo que es orar y este amor que no enamora,
cansadito de morar en la discordia.
Tú con tu oración, tus locuras, tus historias,
yo con mi canción de los amantes que se odian,
Cupido y el amor con locura transitoria,
y la vida es un dolor que no se cura con memoria.
Y si yo me moría por vivir entre tus piernas,
por si acaso eso del frío cuando lleguen los inviernos,
de noche y de día malvivía en las tabernas
y borracho de amor baje a buscarte a los infiernos.
En esto Satanás que no esperaba verme aún,
pobrecito Lucifer sin camitas en su hotel,
tú y yo nada más que este amor en común,
tú y yo nada más que la patria de la piel.
Y estos versos de betún y el universo en un papel.
Ayer te vi pasar, y a pesar de no andar sola,
andabas en soledad y otro hombre te besaba,
lo que era mio besar, cuánto odio destilé.
Tan solo por amar, por no saber amar,
que orgulloso dios sabrá decirme,
si cupido confundió entre el amor y el olvido,
bebió más de la cuenta.
En mitad de una tormenta quiso jugar a ser dios
con mi corazón como probeta.
que hace esquina con el sol de la mañana,
que me viene a despertar, ayer te vi pasar.
Andabas con aquel vestido verde,
y esos ojos de leona que me pierden y ese aroma a madrugá'.
Ayer te vi pasar, andabas por la sangre de mis venas,
por la calle que hace esquinas con mis penas,
como andan las olas por el mar.
Reina de mis reinos por reinar, si estos ojos no te ven,
no saben si no llorar, esta boca dice amen,
sin saber lo que es orar y este amor que no enamora,
cansadito de morar en la discordia.
Tú con tu oración, tus locuras, tus historias,
yo con mi canción de los amantes que se odian,
Cupido y el amor con locura transitoria,
y la vida es un dolor que no se cura con memoria.
Y si yo me moría por vivir entre tus piernas,
por si acaso eso del frío cuando lleguen los inviernos,
de noche y de día malvivía en las tabernas
y borracho de amor baje a buscarte a los infiernos.
En esto Satanás que no esperaba verme aún,
pobrecito Lucifer sin camitas en su hotel,
tú y yo nada más que este amor en común,
tú y yo nada más que la patria de la piel.
Y estos versos de betún y el universo en un papel.
Ayer te vi pasar, y a pesar de no andar sola,
andabas en soledad y otro hombre te besaba,
lo que era mio besar, cuánto odio destilé.
Tan solo por amar, por no saber amar,
que orgulloso dios sabrá decirme,
si cupido confundió entre el amor y el olvido,
bebió más de la cuenta.
En mitad de una tormenta quiso jugar a ser dios
con mi corazón como probeta.
Jaime Sabines - Espero curarme de ti
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte si es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno, me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se le puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "se hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tu quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se le puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "se hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tu quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Me gustaría.
Me gustaría que olvidemos los días grises.
Me quedo con enero, lo mucho que te quise.
Dime que el dolor ya no abraza,
que todo va mejor, que no hay gritos en casa.
Volver a derrumbarme en la memoria,
entender que siempre duelen las grandes historias.
Se fue el maldito odio que empañaba los recuerdos.
Tu piel contra mi piel,
Inolvidable invierno.
Te quiero agradecer tantos atardeceres,
tú me enseñaste que no siempre es lo que una quiere.
Y te quiero, sin rodeos, sin temor
me sale del corazón desearte lo mejor.
Me gustaría que tú también logres perdonar lo malo que hice, lo que te hizo llorar.
Disculpa cada lagrima que derramaste ese año de desastres.
Sabes como soy y no miento si digo quise dejar de serlo con tal de ser contigo.
Me gustaría no haber escrito nunca ésto,
haber podido frente al resto.
Y vuelvas a esbozar esa sonrisa tonta y algún día mires de la misma forma.
Si de hoy en adelante eres mejor compañero, nuestro amor, esta canción, valieron la pena.
Si logro ser sincera, este fracaso feo, habrá valido la pena.
'Todo va a ir bien'.
Me quedo con enero, lo mucho que te quise.
Dime que el dolor ya no abraza,
que todo va mejor, que no hay gritos en casa.
Volver a derrumbarme en la memoria,
entender que siempre duelen las grandes historias.
Se fue el maldito odio que empañaba los recuerdos.
Tu piel contra mi piel,
Inolvidable invierno.
Te quiero agradecer tantos atardeceres,
tú me enseñaste que no siempre es lo que una quiere.
Y te quiero, sin rodeos, sin temor
me sale del corazón desearte lo mejor.
Me gustaría que tú también logres perdonar lo malo que hice, lo que te hizo llorar.
Disculpa cada lagrima que derramaste ese año de desastres.
Sabes como soy y no miento si digo quise dejar de serlo con tal de ser contigo.
Me gustaría no haber escrito nunca ésto,
haber podido frente al resto.
Y vuelvas a esbozar esa sonrisa tonta y algún día mires de la misma forma.
Si de hoy en adelante eres mejor compañero, nuestro amor, esta canción, valieron la pena.
Si logro ser sincera, este fracaso feo, habrá valido la pena.
'Todo va a ir bien'.
lunes, 19 de octubre de 2015
Nuncas que siempre.
Que abstracto el sustento que intenso el destino.
Que nocivo pensar que pudimos...
Hay leyes científicas que siempre serán mentira,
casas a medida que jamás habitaremos.
Anillos al dedo que siempre caerán.
Siempre el suelo...
Para ser humo como pesa,
para ser ligero como se resiste.
Hay nuncas que siempre.
En las nubes no hay edificios.
Nadie invierte en un balcón con vistas al bofetón.
Me pintaré de opaco otra vez y no, no pensare en que no pegaste ojo,
¡que brillaron! En las nubes no hay edificios, y no, no se vive de veranos.
Me desgasto, me vacío,
y es que todo me parece poco para ti.
Te agarro y no te sueltas,
es lo más profundo que te voy a conocer.
Hay leyes científicas que siempre serán mentira.
Me vacié y recaló como propina,
no se le clavaron mis espinas,
no la convenció una vida.
Lo llamó especial por maquillar que insuficiente y el cielo se desmoronó...
Y mi suerte tira al monte mientras intento entenderlo,
para que me hiciste abrir si ibas a salir corriendo.
Y la sangre que no admití no alarmó a nadie,
y nadie a fin de cuentas.
Y todo me sabe a horas muertas...
Alegaste que alargarlo solo era hacernos daño,
que lo tenía que entender...
Y grité ¡es un sucedáneo si no hay punta ni agravio!
Que te queda mucho por correr..
Y entonces bajé los brazos, dejé de argumentar
el nudo que me trajo aquí.
Esperé a que colgaras, fingí que como si nada
que no fuiste tanto para mí.
Fuiste tanto.
Que nocivo pensar que pudimos...
Hay leyes científicas que siempre serán mentira,
casas a medida que jamás habitaremos.
Anillos al dedo que siempre caerán.
Siempre el suelo...
Para ser humo como pesa,
para ser ligero como se resiste.
Hay nuncas que siempre.
En las nubes no hay edificios.
Nadie invierte en un balcón con vistas al bofetón.
Me pintaré de opaco otra vez y no, no pensare en que no pegaste ojo,
¡que brillaron! En las nubes no hay edificios, y no, no se vive de veranos.
Me desgasto, me vacío,
y es que todo me parece poco para ti.
Te agarro y no te sueltas,
es lo más profundo que te voy a conocer.
Hay leyes científicas que siempre serán mentira.
Me vacié y recaló como propina,
no se le clavaron mis espinas,
no la convenció una vida.
Lo llamó especial por maquillar que insuficiente y el cielo se desmoronó...
Y mi suerte tira al monte mientras intento entenderlo,
para que me hiciste abrir si ibas a salir corriendo.
Y la sangre que no admití no alarmó a nadie,
y nadie a fin de cuentas.
Y todo me sabe a horas muertas...
Alegaste que alargarlo solo era hacernos daño,
que lo tenía que entender...
Y grité ¡es un sucedáneo si no hay punta ni agravio!
Que te queda mucho por correr..
Y entonces bajé los brazos, dejé de argumentar
el nudo que me trajo aquí.
Esperé a que colgaras, fingí que como si nada
que no fuiste tanto para mí.
Fuiste tanto.
viernes, 16 de octubre de 2015
Mastica.
No me importa con quién tenga que luchar,
si me cortan los brazos, patearé hasta morir.
Si me cortan las piernas, morderé hasta quedarme sin dientes.
Si me cortan la cabeza, miraré fijamente hasta la muerte,
y si me sacan los ojos, maldeciré hasta la tumba.
si me cortan los brazos, patearé hasta morir.
Si me cortan las piernas, morderé hasta quedarme sin dientes.
Si me cortan la cabeza, miraré fijamente hasta la muerte,
y si me sacan los ojos, maldeciré hasta la tumba.
martes, 6 de octubre de 2015
Calle 13 - La vida.
'Crecimos junto a los cuerpos celestes,
somos el norte sur este y oeste.
Somos la tierra con todas sus huellas,
una súper nova entre todas las estrellas.
Absorbemos la luz de los rayos
mientras la clorofila navega por los tallos.
Los grados y centígrados calientan los termómetros
a 150 millones de kilómetros.
Hay una vía láctea repleta de neuronas
porque reproducimos más ideas que personas.
No somos pequeños ni muy grandes tampoco,
somos muchos y también somos pocos.
Somos el golpe cuando aterriza
y también somos la piel cuando cicatriza.
La muerte nunca nos venció,
porque todo lo que muere
es por que alguna vez nació'.
domingo, 4 de octubre de 2015
Bellaluna.
Recomiendo escuchar:
Un día decidí escaparme de casa, era de noche y dónde vivo, mejor dicho, donde vivía era una pequeña casa alejada de la población. Me rodeaban praderas infinitas, no me hacían falta zapatos la hierba era un suelo más que ideal. Corría y corría sin ninguna dirección, la luz de la luna iluminaba las grandes montañas y las hacía titánicas, como grandes diosas que nos protegen, que nos miran desde lo más alto. Y no podía dejarla de mirarla allí, tan grande, tan bonita, con la mejor compañía que alguien podría tener, las estrellas. Comenzó a hacer frío y aunque en gran faro del cielo me iluminaba cualquier rincón de aquella pradera, decidí meterme en un pequeño hueco entre unas rocas y pasar allí la noche, no tenía miedo mientras pudiera ver la luna. Una vez allí comencé a respirar lentamente y a cerrar mis ojos, los apretaba tan fuerte hasta que me dolieran, pero mis manos comenzaron a temblar, y mis piernas se quedaron inmóviles. Estaba volviendo el monstruo, volvía y yo volví a sentir cómo mis ojos se volvían rojos y llorosos, lo sentía cada vez más y más cerca, hasta que se asomó por uno de los rincones de las rocas y decidí salir corriendo como si me fuera a dejar las piernas en ello, o me dejaba las piernas, o me dejaba el alma, era el precio a pagar. Las ramas de los árboles comenzaron a desgarrarme la ropa, empecé a escupir sangre por la boca y veía cómo mis manos se iban convirtiendo en algo oscuro, en las manos de aquel monstruo que llevaba ya mucho tiempo detrás de mí. Comencé a gritar en un sitio en el que sólo te contesta tu eco y todo era mucho más terrorífico. Hubo un momento en el que paré en seco y mire hacia arriba y entre sollozos, buscando la luz, pedí a no sé quién que todo ésto se acabase ya por favor. Parecía que me había metido en su terreno, en el terreno de aquel monstruo, era más rápido que yo, más listo y sabía más de mí que yo misma, pues ese monstruo lo cree yo. Vi como las ramas me buscaban como si fuesen sus brazos, lo volví a escuchar, volví a escuchar su cruel voz y yo comencé a gritar más alto y más alto, pero no pude superar el volumen de la suya, pues él estaba en mi cabeza. Recuerdo dejarme las uñas para escapar de allí, recuerdo hacerme cortes con cualquier cosa que tuviera a mi alrededor para que el dolor lo hiciese callar, recuerdo darme golpes contra lo primero que viese para perder la consciencia e irme. Porque cuando cierro los ojos él no puede verme porque yo estoy en otro mundo y él no me alcanza.
Por suerte pude escapar a base de dolor, no veía nada, caminaba a oscuras hasta que sentí que caí en un sitio muy profundo, pero desde ese sitio tan pequeño y alejado de la superficie podía ver la luna, y allí en ese rincón no me podían encontrar, nadie me podía ver, estaba sola y era feliz, todo en esos momentos se había acabado. Y pasaba la noche y ella seguía allí mirándome desde ahí arriba, como si me protegiese, pero sé que antes o después se iría, por lo que pasó algo mágico, vi como algo brillante caía desde el cielo, desde ella. Esa pequeña cosa tropezó por las ramas de los árboles y cayó justamente en mi pequeño agujero. Recuerdo que desprendía una luz cálida, era como una piedra muy pequeñita que producía calor y de vez en cuando soltaba pequeñas chispas de luz. Era una luz que hizo sentirme llena, sin miedos, era una luz de felicidad, una de esas luces que hacen que de tus pupilas desaparezca el color negro. A los pocos segundos de tenerla en mis manos y sin darme tiempo a apreciarla del todo vi como ese pequeño trocito de luz comenzaba a llenarse de vida, a moverse por si solo. Yo me quedé mirándolo, veía cómo revotaba por las paredes de aquel lugar hasta que, con la delicadez de una pluma volvió a caer en mis manos. Y sin darme cuenta, en una fracción de segundo, ese trocito se metió en mi boca y me lo tragué. Comencé a mirarme el pecho y pude ver mi corazón iluminado, veía como latía, veía como la sangre circulaba dentro de él, veía la vida. Y vi una luz muy potente justo a su lado, vi una luz que parecía luchar contra una mancha oscura hasta que de ella no quedó nada. Entonces vi también como el sol comenzaba a salir, me miré a las manos y veía que me desvanecía con el día, que me volvía polvo, polvo dorado. De ese agujero en el que estaba metida salió una luz como si de un faro se tratase. Y tan sólo salió polvo de allí, polvo que se fundió con la luz de un nuevo día, un precioso polvo libre, iluminado por los rayos del sol. Ya no era nada, ya era libre, aunque algunos cuentan que aparezco de vez en cuando por allí, la niña que se comió un trocito de la luna para espantar a los monstruos, para alejarlos de la gente. Me llaman Bellaluna y ahora, ahora permitidme descansar para siempre.
Harakiri emocional.
A veces siento como si mi corazón se dividiera en pequeños trozos de luz, como cuando coges una flor y le vas quitando los pétalos y dejas que el aire se los lleve. A veces, siento la garganta llena de sangre, de algo oscuro y coagulado que quiere salir, no es mi corazón, creo que es lo que hay dentro de él. A veces siento como si me abrieran la espalda y estiraran de mis costillas hacia atrás para que pueda respirar, para quitar esa presión. A veces me quedo mirándome las manos y pienso en lo que somos capaces de hacer y de deshacer. A veces no puedo abrir los ojos, no puedo ver la luz porque me duele el simple contacto con el sol, por suerte parece que mis pupilas han creado como un filtro gris y mi cerebro se está acostumbrando a ello. No os podéis imaginar lo que me duelen los ojos, lo que me duele abrirlos, pagaría por que alguien me cosiese los párpados durante una larga temporada. Mi día a día es levantarme muy temprano, quedarme mirando el suelo, mis pies. y repetirme la misma pregunta: "¿Y ahora qué?". Una excavadora gigante me ha abierto en canal y ha sacado todo lo que tenía dentro. La sensación del vacío, la sensación del dolor, la sensación de impotencia, la sensación de muerte, todo eso se mezcla y explota y hace que vuelva a sellar mis ojos con lágrimas hasta que mi cerebro dice basta y desconecta del mundo real. Me he pasado días mirando el reloj del ordenador para ver que el tiempo pasaba, porque cada minuto aquí, cada minuto aquí ahora se me hace eterno, eternamente doloroso. A veces creo estar en otra dimensión pero por pura supervivencia, creo que se puede morir de pena y de dolor emocional, por eso inconscientemente mi mente vuela a otro sitio, o al menos lo intenta. Si me paso doce horas del día durmiendo no es por tristeza (que también) es por sobrevivir a ésto, por irme de aquí, de este sitio, de este momento, de mí. Lo haría de otra forma, pero sería de ser una cobarde y una egoísta, y aquí estoy luchando por sobrevivir en otra dimensión. Dimensión en la que aveces vuelvo a encontrarme con el dolor, en esa dimensión también lloro, pero allí todo es distinto, puedo intentar evitarte, pero eso por desgracia no lo elijo yo, lo elige mi mente, mis recuerdos, esas partes en las que estás muy presente y a veces se manifiestan y me acorralan y no puedo hacer otra cosa que mirarlas de frente y llorar de dolor y pena. Me enfrento a mí misma, no sabemos lo que somos capaces de hacer, me tengo miedo. Me tengo mil cosas. Me toco y me deshago, como si fuese de arena, arena fría. Me toco el pecho y puedo atravesarlo, y cada centímetro que introduzco mi mano ahí, más y más frío se siente todo. Puedes mirarme a los ojos y perderte en una oscuridad infinita y no ver a nadie, no puedes verme, porque ahora mismo no hay nadie. Cada día es levantarse en un barco hundido y antes de que pueda salir y respirar la presión me ha reventado. Mi cama es mi mejor amiga y mi mayor mi enemiga, es pasaje para irme a otro mundo durante algunas horas pero también me recuerda que sobra un hueco, y ese hueco no es nada grande comparado con el que yo siento en el corazón. Que alguien adelante el tiempo, o que alguien lo pare para siempre para mí. Soy como una caja de música a la que le han quitado la pieza fundamental para que pueda seguir su melodía, y sé que es una melodía preciosa, pero ahora se ha convertido más en un réquiem personal. Cuando habléis con vuestra propia pena o con vuestro propio demonio quizás entendáis lo que es el miedo, la soledad, la crueldad. Los monstruos existen, los demonios también, y están más cerca de vosotros de lo que creéis, más en concreto dentro de vosotros, en mayor o menor medida, pero estoy segura de que a todos en algún momento os ha invadido una fuerza oscura, llámalo fuerza, llámalo miedo, llámalo pena, llámalo crueldad, me da igual. Y cuando te mires al espejo cada día y lo veas a tu lado cada día, te darás cuenta de lo que es el dolor. Es un harakiri emocional diario, matar emociones que fluyen por dentro de ti, por no dejar caerte en manos de este ser. Afilas tu katana con cariño y dedicación hasta que ves tus ojos reflejados en ella, y no, no la manchas de sangre, la manchas de lágrimas que es mucho más doloroso. Enfrentarme a mí misma, mi propia lucha, es lo más duro que he hecho hasta día de hoy y sigo haciéndolo, mi primera guerra mundial en el corazón está dejando muchas bajas.
sábado, 3 de octubre de 2015
Yo no valgo nada sin vosotros.
Quisiera dedicaros unos versos
que valieran lo que vale vuestra luz,
pero no cabe en un folio el universo
tampoco en una frase cabe mi gratitud.
Han de saber que decidí no decir nombres,
por si alguno se quedaba en el tintero.
Así que va por las mujeres y los hombres
por todos aquellos que me quieren y que quiero.
que valieran lo que vale vuestra luz,
pero no cabe en un folio el universo
tampoco en una frase cabe mi gratitud.
Han de saber que decidí no decir nombres,
por si alguno se quedaba en el tintero.
Así que va por las mujeres y los hombres
por todos aquellos que me quieren y que quiero.
A mi madre, por ser las columnas de mi templo
por enseñarme con su amor y con su ejemplo.
A mi hermano, por ser calor y abrigo,
aconsejarme cuando busco un buen amigo.
Por perdonarme cuando no sé lo que digo
y por estar siempre conmigo
como el sol está en el trigo.
por enseñarme con su amor y con su ejemplo.
A mi hermano, por ser calor y abrigo,
aconsejarme cuando busco un buen amigo.
Por perdonarme cuando no sé lo que digo
y por estar siempre conmigo
como el sol está en el trigo.
Y va por ti, y por las piedras del camino
y por la suerte y el regalo de tener a mis amigos
a mi lado, deshojando los segundos,
con ellos y mi credo ya no me da miedo el mundo.
Y yo solo canto lo que el corazón exige
como el loco ruiseñor que no escapa del terremoto.
Al hada noble del amor que no se elige.
Yo os lo dije,
Yo no valgo nada sin vosotros.
y por la suerte y el regalo de tener a mis amigos
a mi lado, deshojando los segundos,
con ellos y mi credo ya no me da miedo el mundo.
Y yo solo canto lo que el corazón exige
como el loco ruiseñor que no escapa del terremoto.
Al hada noble del amor que no se elige.
Yo os lo dije,
Yo no valgo nada sin vosotros.
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