Que abstracto el sustento que intenso el destino.
Que nocivo pensar que pudimos...
Hay leyes científicas que siempre serán mentira,
casas a medida que jamás habitaremos.
Anillos al dedo que siempre caerán.
Siempre el suelo...
Para ser humo como pesa,
para ser ligero como se resiste.
Hay nuncas que siempre.
En las nubes no hay edificios.
Nadie invierte en un balcón con vistas al bofetón.
Me pintaré de opaco otra vez y no, no pensare en que no pegaste ojo,
¡que brillaron! En las nubes no hay edificios, y no, no se vive de veranos.
Me desgasto, me vacío,
y es que todo me parece poco para ti.
Te agarro y no te sueltas,
es lo más profundo que te voy a conocer.
Hay leyes científicas que siempre serán mentira.
Me vacié y recaló como propina,
no se le clavaron mis espinas,
no la convenció una vida.
Lo llamó especial por maquillar que insuficiente y el cielo se desmoronó...
Y mi suerte tira al monte mientras intento entenderlo,
para que me hiciste abrir si ibas a salir corriendo.
Y la sangre que no admití no alarmó a nadie,
y nadie a fin de cuentas.
Y todo me sabe a horas muertas...
Alegaste que alargarlo solo era hacernos daño,
que lo tenía que entender...
Y grité ¡es un sucedáneo si no hay punta ni agravio!
Que te queda mucho por correr..
Y entonces bajé los brazos, dejé de argumentar
el nudo que me trajo aquí.
Esperé a que colgaras, fingí que como si nada
que no fuiste tanto para mí.
Fuiste tanto.
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