Otras cosas bonitas.


domingo, 4 de octubre de 2015

Harakiri emocional.

A veces siento como si mi corazón se dividiera en pequeños trozos de luz, como cuando coges una flor y le vas quitando los pétalos y dejas que el aire se los lleve. A veces, siento la garganta llena de sangre, de algo oscuro y coagulado que quiere salir, no es mi corazón, creo que es lo que hay dentro de él. A veces siento como si me abrieran la espalda y estiraran de mis costillas hacia atrás para que pueda respirar, para quitar esa presión. A veces me quedo mirándome las manos y pienso en lo que somos capaces de hacer y de deshacer. A veces no puedo abrir los ojos, no puedo ver la luz porque me duele el simple contacto con el sol, por suerte parece que mis pupilas han creado como un filtro gris y mi cerebro se está acostumbrando a ello. No os podéis imaginar lo que me duelen los ojos, lo que me duele abrirlos, pagaría por que alguien me cosiese los párpados durante una larga temporada. Mi día a día es levantarme muy temprano, quedarme mirando el suelo, mis pies. y repetirme la misma pregunta: "¿Y ahora qué?". Una excavadora gigante me ha abierto en canal y ha sacado todo lo que tenía dentro. La sensación del vacío, la sensación del dolor, la sensación de impotencia, la sensación de muerte, todo eso se mezcla y explota y hace que vuelva a sellar mis ojos con lágrimas hasta que mi cerebro dice basta y desconecta del mundo real. Me he pasado días mirando el reloj del ordenador para ver que el tiempo pasaba, porque cada minuto aquí, cada minuto aquí ahora se me hace eterno, eternamente doloroso. A veces creo estar en otra dimensión pero por pura supervivencia, creo que se puede morir de pena y de dolor emocional, por eso inconscientemente mi mente vuela a otro sitio, o al menos lo intenta. Si me paso doce horas del día durmiendo no es por tristeza (que también) es por sobrevivir a ésto, por irme de aquí, de este sitio, de este momento, de mí. Lo haría de otra forma, pero sería de ser una cobarde y una egoísta, y aquí estoy luchando por sobrevivir en otra dimensión. Dimensión en la que aveces vuelvo a encontrarme con el dolor, en esa dimensión también lloro, pero allí todo es distinto, puedo intentar evitarte, pero eso por desgracia no lo elijo yo, lo elige mi mente, mis recuerdos, esas partes en las que estás muy presente y a veces se manifiestan y me acorralan y no puedo hacer otra cosa que mirarlas de frente y llorar de dolor y pena. Me enfrento a mí misma, no sabemos lo que somos capaces de hacer, me tengo miedo. Me tengo mil cosas. Me toco y me deshago, como si fuese de arena, arena fría. Me toco el pecho y puedo atravesarlo, y cada centímetro que introduzco mi mano ahí, más y más frío se siente todo. Puedes mirarme a los ojos y perderte en una oscuridad infinita y no ver a nadie, no puedes verme, porque ahora mismo no hay nadie. Cada día es levantarse en un barco hundido y antes de que pueda salir y respirar la presión me ha reventado. Mi cama es mi mejor amiga y mi mayor mi enemiga, es pasaje para irme a otro mundo durante algunas horas pero también me recuerda que sobra un hueco, y ese hueco no es nada grande comparado con el que yo siento en el corazón. Que alguien adelante el tiempo, o que alguien lo pare para siempre para mí. Soy como una caja de música a la que le han quitado la pieza fundamental para que pueda seguir su melodía, y sé que es una melodía preciosa, pero ahora se ha convertido más en un réquiem personal. Cuando habléis con vuestra propia pena o con vuestro propio demonio quizás entendáis lo que es el miedo, la soledad, la crueldad. Los monstruos existen, los demonios también, y están más cerca de vosotros de lo que creéis, más en concreto dentro de vosotros, en mayor o menor medida, pero estoy segura de que a todos en algún momento os ha invadido una fuerza oscura, llámalo fuerza, llámalo miedo, llámalo pena, llámalo crueldad, me da igual. Y cuando te mires al espejo cada día y lo veas a tu lado cada día, te darás cuenta de lo que es el dolor. Es un harakiri emocional diario, matar emociones que fluyen por dentro de ti, por no dejar caerte en manos de este ser. Afilas tu katana con cariño y dedicación hasta que ves tus ojos reflejados en ella, y no, no la manchas de sangre, la manchas de lágrimas que es mucho más doloroso. Enfrentarme a mí misma, mi propia lucha, es lo más duro que he hecho hasta día de hoy y sigo haciéndolo, mi primera guerra mundial en el corazón está dejando muchas bajas.

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