Otras cosas bonitas.


lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Te gustan las palabras?.

¿Te apetece jugar con palabras? Va a ser como la ruleta rusa, ten cuidado que la pluma no está hecha para todos. Vas a sentir como tu propia sangre crea burundanga y la va a transmitir a tus dedos, o si tienes "suerte" y tienes oídos que te escuchen, sentirás como ésta rebosa por tus labios. Son drogas bonitas, pero peligrosas, quizás tu cuerpo no lo soporte y mueras poco a poco por dentro, la peor de las muertes. Piensa que todo lo que digas puede tanto crear sonrisas como traumas, puede hacer sentir a una persona infinitamente feliz o sucumbirla a la más profunda depresión, pero bueno, eso lo decides tú. Daño físico... momentáneo, bruto, lleno de sentimientos incontrolables a veces, desbocados, parte animal... supongo que tiene algo de belleza, siempre he sido fan de nuestros instintos animales, cuando dejas de lado un poquito a tus principios y sale tu bestia interior. Por supuesto, esta bestia no tiene porque ser "mala", todo depende de qué la hayas alimentado.
Dejando de lado a este ser, personifico a nuestro ser calculador, sagaz, brillante, acogedor, comprensible, lo que quieras tú que sea, o mejor dicho, lo que quiera tú que seas. Todos tenemos a esta persona andando por nuestros adentros, duerme en nuestra orejas y se alimenta de nuestros pensamientos, en mayor o menor medida pero anda por ahí, sin prisas. Sus ventanas son nuestros ojos. Esta persona puede ganar con tan solo palabras a cualquier bestia que se le ponga por delante, al menos la mía es así. Le he dado de comer: manipulación, perspicacia y porque no decirlo algo de ingenuidad y así he criado a un muy peligroso demonio. Sabía lo que era, era consciente de que estaba ahí, pero no me preocupé mucho por su existencia, la mayoría de veces era sarcástico y eso me gustaba, era un cruel pero divertido compañero, no te voy a quitar los méritos de algunas de mis sonrisas. Seguías tiroteando a cualquiera que vieras, cada vez más y más asiduamente, algo dentro de mí decía que parases, que ya estaba bien, que para qué tanto dolor, hasta que me dejaste en shock querido, y me dijiste claramente: "No sé, dímelo tú."
Y aquí empezó mi terrorífica y espero que única guerra mundial, mi propia lucha, un duelo mental y ético contra mí misma, guerra que creo que todos deberíamos tener, que pese las bajas que pueda dejar, y pese a qué bando gane, todo ésto tiene su funeral, y allí todos callan y recuerdan, recuerdan y aprenden. Y mientras estábamos en el apogeo de tal batalla, llegaron cañonazos de otro bando, y ni tú ni yo pudimos resistir tal ataque, palabras llenas de pólvora que hicieron estallar nuestros corazones dejándolos así llenos de ceniza. Pero no contaba con ésto, recordé que te había alimentado con dolor, y ésto hizo que tú tuvieras una fuerza imparable en este terreno de guerra, lo tenías todo a tu favor, y yo sin fuerzas te dejé marchar. Creíste dominar este mundo, mi mundo, pero cariño, te olvidaste de algo: de tu ingenuidad, y de que no tenías ni mucho menos una buena defensa para protegerte de lo que vendría en poco tiempo. Y despistado, en tu trono negro, decidiste echar una cabezada y para cuando te quisiste dar cuenta tenías clavada en tu pecho una lanza, la cual tenía grabada en ella la frase: "Se acabó.". No pudiste contra ello, no pudiste contra ese dolor, y allí poco a poco te desvaneciste en forma de gas. Gas que hizo que gran parte de mí muriese contigo, pero no te lo reprocho, tú eras casi todo mi ser.
Te lo pasaste bien, ¿verdad? Fuiste feliz al menos, eras feliz con tus marionetas humanas, te adelantabas a sus movimientos y eso hacía que pudieras controlar todo lo que quisieses, eso te hacía poderoso, y eso te gustaba, el sabor del ego oscuro era caviar para tu paladar. No te odio, te recuerdo como un compañero, no como un buen compañero, pero sí como alguien que estuvo muchos años a mi lado y me conocía como nadie. Te debo unas cuantas enseñanzas, aunque espero nunca ser tu profesora particular.

¿Te siguen gustando las palabras? Respondas lo que respondas, jamás las infravalores, jamás infravalores el poder de una simple palabra porque éstas pueden hacer morir lentamente de agonía si el destinatario no está preparado. Y yo y mi lado pesimista te lo recuerdan, pero también te recuerda que, puedes crear sonrisas con ellas o momentos felizmente inolvidables. Suerte en vuestro camino, y sí, os lo digo a los dos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario